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El sonido de la leña quemándose en la chimenea opacaba los murmullos de preocupación de la orden lilim.

Pero no los de mis demonios.

Acuclillada frente a las llamas llevaba observándolas probablemente varias horas. Tal vez con la idea de visualizar la solución a lo que sea que estaba ocurriendo en el danzar del fuego.

Nuestro regreso fue demasiado silencioso. Me negué a mantenerlo rodeado de la energía oscura del infierno, no cuando parecía ser esta misma la que le estaba atacando por dentro.

Anocheció y volvió a amanecer, pero yo no había sido capaz de volver a ver a Deimos. Escuchaba a todos correr de un lado a otro pero la chimenea me había encadenado a ella.

Pensaba y pensaba, pero pensar no parecía ser suficiente.

Era de estrategias. Goetia era de acción. Y me aniquilaba estruendosamente el hecho de no saber qué hacer.

-Deberías de comer algo. -escuché un murmullo desde la entrada de la sala de estar.

Pestañeé lentamente, aún con los codos apoyados en mis rodillas flexionadas y mis dedos enlazados clavando las uñas en las cutículas.

-Quiero hablar con el oráculo. -murmuré de vuelta.

Lorcan cerró la puerta con lentitud antes de emitir un profundo suspiro, avanzando unos cuantos pasos hacia mí.

No me moví ni le miré.

-Estamos consultando todos los grimorios antiguos habidos y por haber y llamé a Angelo para que nos preste ciertos libros prohibidos para...

-Ningún libro solucionará esto. -susurré, entrecerrando los ojos mientras las llamas danzaban con violencia.- Quiero hablar con el oráculo. Ahora.

No volvió a emitir palabra en los siguientes minutos.

Cuando la chimenea produjo más humo del normal y alborotó mi cabello con cientas de diminutas chispas, supe que ya no era Lorcan quien se encontraba a mis espaldas.

Aún así aguardé pacientemente a ordenar mis preguntas, las cuales se digerían entre ellas cuales serpientes en el uróboros. Pero mientras que éste representaba el nacimiento y la muerte de toda creación, mis preguntas parecían representar sólo la muerte.

Sin nacimiento ni renacimiento alguno.

El Oráculo Infernal se sentó en el sillón de mi derecha.

-Me mentiste. -susurré.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora