[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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Podía escuchar las carcajadas de Alaida en el exterior.
Angelo y ella se llevaban mejor de lo que había supuesto. Sonreí sobre el pecho de Deimos cuando comenzó a perseguirla entre risas.
-Si estuvieras aquí no te gustaría nada esto. -suspiré.
Tumbada a su lado le abrazaba de costado. Llevaba así alrededor de dos horas pero era el único lugar en el que no sentía dolor ni sentimiento de pérdida.
Era curioso, incluso mi herido cuerpo dejaba de gemir de dolor al tener a Deimos cerca.
Rasqué delicadamente con mis uñas su pecho y apoyándome sobre mis codos me coloqué boca abajo para perder mi mirada en su sudoroso pero encantado rostro.
-¿Cuánto más piensas dejarnos solas? -murmuré.- Esto es un caos sin ti y sólo tú sabes controlarlo... Sólo tu sabes controlarme.
Su pecho subía y bajaba con fuerza.
No soportaba verlo así. Mi corazón lloraba lágrimas de sangre y gemía con gritos de lamento. Parecía exagerado pero cuando aquel que curó cada herida y besó cada cicatriz se niega a regresar a tu lado no hay conjuro, maleficio, brujería, poción ni hechizo que retire la penumbra en la que quedan sumidos tus sentimientos.
Deimos era mi amuleto de vida.
Y no sabía qué diablos hacer para volver a tenerlo a mi lado. Maldita sea el momento en el que decidí dejarlo aquí... Maldita sea.
Abracé su cabeza y apoyé mi mejilla contra la suya mientras dejaba numerosos besos sobre su nariz y barbilla. No iba a regresar pronto... No tenía asegurado absolutamente nada a pesar de la imagen de victoria y fuerza que mostraba en el exterior. Así que respiré el olor de su cabello tanto tiempo como pude para llevarlo conmigo. Mis lágrimas se mezclaron con el sudor de su frente y mi cuerpo comenzó a sacudirse contra el suyo debido a los débiles sollozos de mi sombra.
No quiero tomar más decisiones sin él. No quiero seguir existiendo sin él a mi lado.
Y antes de dejar un largo beso sobre sus labios y limpiar mis lágrimas besé cada centímetro de su rostro. Llevé mis manos a la trenza y poco a poco la deshice y con las espinas con rosas blancas adheridas a ellas procedí a rodear su muñeca derecha con ellas.
Sonreí y besé su mano para prometer regresar antes de que despertara.
Es malo en el amor tener falsas promesas.
Cuando salí de la carpa entrecerré los ojos debido a la luz del día a pesar de estar todo el cielo nublado y di varios pasos hacia atrás cuando Angelo pasó corriendo por mi lado, con toda la velocidad que su cojera le permitía.