[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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La euforia de la victoria se desvaneció al escuchar el llanto de Kryx.
A medida que trotaba hacia él mis latidos se aceleraron al tiempo que mis pies ralentizaban sus pasos al verlo en el suelo, con un sangrante cuerpo entre sus brazos.
Intentaba abrazarla pero sus manos resbalaban por la sangre de su piel al descubierto en las zonas donde su ropa estaba cruelmente rasgada.
Mi espada resbaló de entre mis dedos al igual que la mano de Nykain.
Llevaba tiempo sin escuchar un llanto tan desgarrador y rompedor. No desde que perdí a mi estrellita de sombra.
Me quedé petrificada a unos pasos de ellos.
-No me hagas esto. -suplicaba, meciéndola en sus brazos.- ¡No me dejes solo! ¡No quiero quedarme solo! -apartó las trenzas de su rostro de ojos entrecerrados.- Mírame, hermana. ¡Por favor! Mírame, mírame. ¡Mírame! -la abrazó con pánico.
-N-No podré protegerte más. -escuché cómo Runa le susurraba con inerte voz.
Kryx negó enérgicamente, llorando como un niño pequeño.
Tocaba su cuello mientras sus lágrimas caían sobre el rostro de Runa, orando en lenguaje infernal para que su pulso se mantuviera estable.
Cuando el brazo de su hermana cayó al suelo sin fuerza alguna fue cuando Kryx se percató de mi presencia, exhalando una gran bocanada de esperanza.
-Ayúdala. -me rogó.
Acercándome a ellos me acuclillé con lentitud. Inspiré hondo al tiempo que rozaba mis dedos con los de la mano de Runa, aún descansando en el suelo. Para mi sorpresa volvió a entre abrir los ojos, pestañeando con rapidez al mismo tiempo que entre abría los labios en balbuceos.
Le costó, pero consiguió ladear un poco la cabeza para identificar a la dueña de aquel tacto. Fue similar a sacudir su alma condenada.
-Hola, esclava. -susurró.
-Hola, Runa.
-Estoy hecha un desastre, ¿eh?
-Un poco. -susurré esbozando una peqeña sonrisa.- Sólo un poco.
Su hermano sacudió con fuerza su rostro cuando pareció querer caer inconsciente de nuevo...
O algo peor.
Las singulares y hermosas llamas que colgaban a lo largo de sus largas trenzas estaban débiles, a punto de extinguirse, al contrario de las del pelo corto de Kryx las cuales danzaban de vida.