76⛥Monster

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Una lilim nunca necesita protección.

Pero allí tumbada sentí por unos segundos el trono en el que mi ángel nos tenía sentados, sentenciando a cualquiera que osase dirigirme siquiera una mala mirada.

Con unos pantalones negros holgados como única vestimenta y su musculoso brazo tapando mis senos desnudos mientras respiraba pausadamente en mi oreja, continué parpadeando lento y mirando al vacío oscuro de la habitación.

Intenté conciliar el sueño de incontables maneras pero la sombra del embarazo continuaba acechándome. ¿Dónde estaban los arcángeles? ¿Cuándo comenzaría la cacería de las anomalías? Era consciente de que cuanto antes terminase aquella condenada misión antes podría decirle la verdad a Deimos.

Incluso podría decirle llegado el momento, como última e innegociable mentira, el que lo había descubierto justo en aquel momento.

Inspiré hondo y maldije por lo bajo al imaginar las incontables facetas y respuestas que me daría.

No podía seguir de brazos cruzados. Debía de darle soliución a los tantos asuntos que aguardaban mi atención. La niebla terminaría consumiéndome si no la alejaba con mi infernal aliento.

Por lo que, con el máximo cuidado y delicadeza, retiré su brazo de mi cuerpo y permanecí unos segundos sentada en la orilla de la cama cuando le escuché suspirar por lo bajo entre sueños para después terminar acostándose boca abajo. Mi cabello negro cayó al frente de modo que ocultó mis senos.

Le miré entre algunos mechones.

La sábana de seda oscura cubría hasta un poco más abajo de su espalda baja, dejando que la luz de la luna menguante en el exterior bañase su piel blanca de exquisitas sombras que imitaban la tentación de las tinieblas.

Jugué con mi anillo de compromiso, girándolo en el mismo lugar.

Si le contaba la verdad me impediría ponerme en peligro y eso conllevaba a no domar a las anomalías lo que me adentraría en una situación de oscura ruina y enfrentamiento con el reino divino.

Y suficiente tenía con la actual situación.

Intentaba convencerme a mí misma de que había más puntos a favor de esconderle el embarazo que en contra, pero de una manera u otra terminaba cayendo en la cuenta de lo mala idea que era.

En la penumbra me levanté y decidí vestir su camisa negra la cual descansaba sobre la silla de mi tocador. Al llegarme por la mitad de los muslos decidí meterla en el interior de mis pantalones, abrochando solamente los tres botones cercanos al ombligo. Me calcé en silencio unas zapatillas negras de andar por casa y me miré un instante en el espejo para acto seguido dirigir mi atención al reflejo de Deimos.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora