51⛥Fire

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El sol ya no quería iluminar la oscuridad.

La cura había agotado sus fórmulas en un intento de salvarme.

Me creí invencible. Al menos eso sentí cuando Satanás cayó de rodillas. Pero el que lo hiciera yo para suplicar por un amor que ya no era mío me hacía querer desgarrar de impotencia la piel de mi rostro.

Deimos ya no quería tener nada que ver con mi corazón. Y no era por no amarme, sino para salvarse de una eternidad de dolor. Y para colmo, imponiéndome el aceptar la ruptura, decide quedarse en la mansión.

¡Convivir juntos tras todo lo que me había dicho!

Cuando desde la oscuridad vi correr a Alaida hacia él no pude evitar romperme aún más. Alzó su cuerpo mojado y dió varias vueltas con ella, riendo a carcajadas. Desde la soledad, observándole, jamás habría dicho que estaba destrozado. Que estaba dolido por verse obligado a dejar de amar mi oscuridad.

Cuando los demás gritaron de euforia y felicidad al verle yo desaparecí al primer lugar al que me envió mi portal, no queriendo que cuestionaran mi fúnebre rostro.

Jamás pensé admitirlo pero prefería mil veces el demoledor dolor corporal que tenía hasta hace poco al que anidaba ahora en mi pecho.

Y menciono hasta hace poco porque sumergir mi cuerpo en aquella fuente y apoyar mi mejilla en el mármol para dejar que mi mirada se perdiera en la nada había resultado ser una milagrosa cura que eliminó todo dolor físico.

Mi pijama hace un largo tiempo que se había terminado de mojar completo al introducir mis brazos en el agua del color azul más hermoso. Coros a lo lejos habían logrado tranquilizar mi frecuencia aúrica la cual cuando pisé el templo se encontraba por los suelos. No era un lugar que me desagradaba pero si tuviera que hacer algún retoque pondría menos luz, desde luego.

Mis ojos debían de estar más que rojos porque al parpadear los sentía irritados y agotados. Pero continuaron acariciando las nubes que rodeaban el templo en silencio, sintiendo cierto placer y alivio al imaginarme nadar en ellas. La mandíbula y parte de mi mejilla derecha dolían del tiempo que habían estado apoyadas pero me rehusé a moverme, ni siquiera cuando una bestia perruna de color blanco apareció en mi campo de visión, pasando su nariz por mi rostro y cabello sin respeto alguno.

Reconocí a sus mascotas y cuando mi cuerpo se tensó bajo el agua supe que ya no estaba sola.

-No imaginé el volver a vernos tan pronto.

-Vete. -gruñí sin apenas abrir los labios, volviendo a no soportar su formal y elegante tono de voz.

No le miré pero le imaginé fácilmente mirar a su alrededor con cierto humor a pesar de que el humor no era algo que encajara con él.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora