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La sonrisa del príncipe Asmodeo, al ver salir a Deimos, anticipó su victoria.

-Confieso que no hago esto desde hace demasiado tiempo, pero no me gustará ensuciar mi aura con tu olor a incienso.

Deimos, conmigo caminando tras él a paso rápido junto a mi padre y a mi madre, se despojó de la camisa mientras continuaba caminando con seguridad hacia él.

-Tienes razón. Mejor oler a sudor de prostíbulo. -y acto seguido la enrolló con rapidez alrededor de la punta afilada de la lanza de Asmodeo quien había realizado un penoso intento de arremeter contra él.

Deimos realizó una palanca y giró sobre sí mismo, provocando que el príncipe diera un traspié.

-No luches en vano, Deimos. ¡La tierra se abre para mí! -gritó con autoridad.

-Y esta noche se cerrará sobre ti. -le contestó flexionando sus rodillas un poco y realizando un atractivo gesto con su dedo índice y corazón para indicarle el avanzar de una vez hacia él.

Cuando pretendió hacerlo se lo impedí.

-¡Asmodeo! -alcé la voz en tono amenazante. Me miró por encima del hombro.- Si continúas, da por finalizada nuestra alianza.

Sus ojos de león me analizaron un buen rato para finalmente medio sonreír e impactar con fuerza la lanza en el suelo.

La mano de mi padre me sostuvo el antebrazo cuando la tierra negra bajo nuestros pies sufrió un violento temblor y boquiabierta observé cómo se manifestaba un profundo pozo circular que nos alejó de ellos, encerrándolos en una porción de tierra demasiado peligrosa.

-Silencio, hija. El único lenguaje ahora son los golpes. -murmuró Samael.

-Vamos, hermanito. Acabemos con esto para que puedas ir a llorarle a padre.

-El hermano mayor y el más necio. -gruñó mi ángel, esquivando elegantemente otro ataque de lanza.

-Y el que más lenguas colecciona. -le guiñó el ojo.- En mi colección falta la de nuestra princesa, pero también acabará siendo mía.

El puño que aventó a Deimos fue frenado por su mano y miré a un lado con una mueca cuando manifestó las venas de luz por su brazo las cuales corrieron a toda velocidad hasta sus nudillos. En ese momento apretó con tanta fuerza que se escuchó el crujir de los huesos de la mano de Asmodeo.

Y aprovechando el rugido del príncipe de la lujuria le asentó un puñetazo en la boca que nos dejó anonadados al visualizar algunos dientes rodar por el suelo hasta caer al vacío.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora