112⛥Sombryon

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MINI MARATÓN 1/2

















La belleza de nuestras vacaciones era crepuscular.

Una mezcla de día y de noche.

De belleza caótica.

Los eternos muros llameantes que perdían su altura en las nubes rojizas y densas sobre nuestras cabezas comenzaron a abrirse.

Miré de reojo a Deimos y sonreí al ver sus cejas alzadas y labios entre abiertos, sorprendido por lo bello que podía ser lo infernal.

Un largo camino de arena negra se abría paso frente a nosotros y antes de dar nadie un paso, Lilith avanzó de espaldas para alzar sus brazos a un lado y sonreír con las llamas de su alrededor bailando en sus ojos.

-Bienvenidos a Sombryon, el Edén del infierno.

El chillido de emoción de Alaida fue seguido del jadeo de los demás al entrar.

Todo estaba cargado con una atmósfera de oscuridad viviente.

El infinito jardín ardía en una hermosa combustión  pero a la vez protegiéndote de sus llamas porque no era un incendio caótico sino una geometría ancestral de fuego que obedecía voluntades más antiguas que el abismo mismo.

Las llamas se inclinaban con respeto a medida que los pies descalzos de Lilith avanzaban, siendo un honor el que la primera y última mujer pisase dicho terreno.

Las colinas eran a lo lejos un resplandor carmesí que teñía las nubes del color de la sangre, coronadas por estructuras y diseños espinosos como advertencia a todo aquel que desee pisar el Edén del infierno sin su previo permiso.

Por doquier se alzaban millones de hierbas de preciosa pesadilla, con miles de flores de pétalos extraños de todo tipo de colores. Sus pétalos no se consumían por el fuego, en su lugar, del centro de cada una y del borde brotaban lenguas de fuego con más tonalidades que el propio arcoiris.

Las hojas y tallos sostenían todo de una manera que creaban un contraste sobrenatural que desafiaba toda lógica natural. Era una belleza de absoluto poder penumbroso.

Había gigantescas ramas ardiendo a lo lejos, situadas como retorcidos puentes. A simple vista, la mente mortal podría pensar que terminarías ardiendo en una naturaleza así, pero el calor no era una agresión. La magia de nuestro alrededor era presencia consciente.

El camino que atravesábamos, bordeado en fuego, nos guiaba hacia una posada turística situada entre vegetación imposible. El suelo en aquella parte estaba alfombrado por una flora vibrante de color violeta oscuro. ¿Lo mejor? Los pabellones individuales de arquitectura gótica y elegante con cortinas oscuras e interior de grandes camas iluminadas por lámparas blancas de aceite. Aquel refugio era siniestramente precioso.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora