[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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7 meses después.
La divinidad no siempre nace de la luz.
A veces, viene de la mano de la oscuridad.
Donde los Dioses y Diosas olvidadas observan y sentencian sin piedad, esperando ser invocados y aliados únicamente de aquellos cuyo espíritu es tan atrevido como salvaje.
Ser la hija de la primera mujer en la creación, Lilith, y de uno de los más poderosos caídos, Samael, hace parecer que tienes cualquier mundo en la palma de tu mano. Y así era... Pero lo destructivo y difícil era el ganarse dicho puesto.
El estar a la altura del poder que conllevaba ser una lilim.
Una voluntad inquebrantable, una aura tan soberana que ángeles te desean y demonios te protegen...
Desde que abandoné la casa de mi abuela y me alejé de Salem, todo reino exigió mi redención.
Pero cuando llegué a la aldea de Shymantis todo pareció alinearse en una merecida armonía.
Como todo cambio, los primeros días sin los miembros de la orden Lilim fueron los más difíciles.
Pero al igual que la oscuridad es el vientre donde todo se gesta y donde el miedo se transforma en arma, la aldea de Aradia fue el vientre de mi curación.
Colocada al sur de Jordania, estaba rodeada de gigantescas montañas las cuales estaban repletas de afiladas halitas de luz, piedras con forma de agujas de escarcha de metros de longitud y las cuales se encargaban de que todo enemigo espiritual llegara a la aldea en pedazos si intentaba traspasarlas.
Y dejando atrás aquellas montañas de arena y piedras desérticas, en el interior del círculo que formaban se encontraba una extensa y poblada aldea rodeada de robles y flora silvestre a la cual no sólo realizaban ofrendas sino que también recibían suministros para sus rituales y supervivencia.
Toda la construcción era gracias a la extensión del poder de las brujas de Shymantis.
Cada hogar, y estaba formada por alrededor de cuarenta, estaba construido a partir de la misma piedra que formaba las montañas, por lo que mezcándose con hojas de pino y madera de ramas las casas estaban talladas del mismo mineral haciendo que sean a su vez un pequeño refugio que sólo le permitía la entrada espiritual a la diosa Aradia.
El clima era espléndido, una mezcla de primavera y otoño que nos permitía disfrutar de horas de caminata por la etérea vegetación.
Mis días constaban de lecciones de brujería y hechicería las cuales se empeñaba en instruirme la sacerdotisa de Shymantis y en las cuales de vez en cuando Alaida, si no estaba corriendo y jugando con sus nuevos amigos, intervenía con fran ilusión y ganas de aprendizaje.