[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
OBJETIVO PARA SUBIR EL SIGUIENTE CAPITULO: 100 VOTOS Y 400 COMENTARIOS
Por favor, votad y comentad para poder llegar a más personas.
Cuando mis pies tocaron el camino de tierra que guiaba a la entrada de mi mansión, me percaté del helicóptero de Angelo estacionado a un lado de la verja.
Lo dejé atras y al traspasar esta la puerta de entrada se abrió para dejar a la vista a Deimos y a los demás quienes caminaron hacia mí con cautela.
-¡Que le den! -me detuve, moviendo airadamente la mano en el aire antes de inspirar hondo y colocar las manos en las caderas con una expresión vengativa.- No lo mataré. Vivir en esa iglesia será suficiente castigo para él.
-Goetia...
-No. No me mires así. ¡Estoy bien! -señalé a Graciela.- Estoy de puta madre. -gruñí mirando a lo lejos.- ¿Quiere darnos la espalda con la excusa de que yo me fui primero? ¡Me parece genial!
-Goetia. -carraspeó Deimos, juntando sus manos a la espalda e inclinando la cabeza a un lado.
No pillé la indirecta.
Continué caminando y reproduciendo todo lo vivido hace rato con Jacob.
-Esta es su venganza, ¿sabéis? -escupí a un lado.- Castigarme quedándose fuera de todo. Pero está muy equivocado. -alcé la voz.- Está muy equivocado si piensa que algo así puede afectar a una gran hija de put...
-¿Mami?
El enojo quedó atrás. Fue arrasado por la luz de unas alas.
Las alas de luz que tenía mi pequeña alada por ojos.
Salió del escondite tras su padre y comenzó a caminar poco a poco hacia mí.
No corrió. No lloró. Me observaba como si estuviera comprobando si era real.
Inspiré demasiado hondo al ver su arrugado pijama blanco de espadas negras y su cabello despeinado, revelando que se acababa de levantar.
Siguió sin correr, sólo caminando hacia mí con rostro neutro... Hasta que me acuclillé y abrí los brazos...
Fue entonces cuando la pequeña Alaida se desmoronó y corrió hasta chocar con fuerza con mi cuerpo al abrazarme, derribándome y provocando que mi trasero impacte contra el suelo cubierto de nieve. Lloraba a lágrima viva contra mi oreja y balbuceaba cosas que me era imposible entender. Le devolví el abrazo con demasiada fuerza y alcé la mirada al cielo oscuro con una mirada húmeda que sostenía cientos de pilares en ese momento...
Porque debía de continuar siendo inquebrantable por las dos.
Por todos.
-Mami está aquí. Mami a regresado. -susurraba contra su cabello.- No volveré a alejarme de ti, monstruito.