[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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CAPÍTULO DEDICADO A TODAS LAS ALMAS QUE RESISTIERON JUNTO A GOETIA. Se os adora. GM
Mis pasos al fin volvieron a ser libres.
Hades y Silas alzaron el vuelo y cantaron a lo grande para ser escuchados por todos los alrededores del castillo. Anduve largos minutos con el mi hogar terrenal siempre en mi visión y la brisa de la libertad chocando contra mi lastimada piel.
El sol ya estaba en todo su alto a pesar de que lo rodeaban ciertas nubes pero sus rayos no fueron más grandes que los que contenía la sonrisa de mi mejor amigo Alexander, quien desde el árbol a unos metros de la barrera de los seres sombra me observaba con una emotiva mirada.
No podía andar rápido pero cojeando y anestesiada de todo dolor gracias a la presencia de los lilim en mi interior aferré mi mano con más fuerza alrededor de las dos muestras de la cura.
-Y señoras y señores, la Ama regresó de nuevo a su reino.
Mi rostro se desencajó en una mueca e inevitablemente caí en sus brazos, fundiéndonos en un abrazo lleno de lágrimas.
-Estás bien. -repetí una y otra vez.- Estás bien.
Sus brazos fueron bajando la fuerza poco a poco y cuando pude mirarle directamente a la cara la ahuequé entre mis heridas manos y llorando de alegría acaricié sus pómulos.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas y de la emoción retenida de ver mi estado él tampoco pudo pronunciar palabra alguna. Levanté las muestras y se las enseñé, riendo por la ironía de la situación.
-¿Me has hecho adentrarme en la peor misión de mi vida para sanar antes del antídoto? Seguirás fastidiándome hasta tu último aliento, ¿no es así?
Con las manos unidas al frente siguió mirándome fijamente, como si quisiera memorizar hasta el último detalle de mi rostro.
Finalmente caminó hasta eliminar el espacio entre nosotros y besando mi frente volvió a abrazarme con fuerza.
-Estoy orgulloso de ti, mi hermosa cabezota.
Apoyé mi mejilla contra su hombro y cerré los ojos para aspirar su olor, aunque antes de preguntarle el porqué de la baja temperatura de su piel escuché la puerta del castillo abrirse y a alguien ahogar un grito.
Acaricié las manos de Alexander cuando sonriendo me indicó que echara a correr hacia las cuatro personas que venían corriendo hacia mí como alma que lleva al diablo.
Eché a andar lo más rápido que podía y en el instante en el que los seres sombra se alzaron mi mano izquierda lo hizo al mismo tiempo para después bajar: