[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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Cuando desperté, lo hice con un grito ahogado.
El asiento de copiloto, desprendido de su lugar, inmobilizaba del todo mis piernas.
-¡Señorita! No se mueva, la ayuda está en camino.
Víctor, con numerosas heridas en su piel morena y su cabello rubio bañado en sangre, intentó impedirme salir por la ventana.
Grité entre dientes, haciendo toda la fuerza posible con mis caderas para poder rodarlas a un lado y así poder mover mis piernas. Cuando lo conseguí salí para echarme a un lado sobre el e de la carretera. Escupí sangre y abracé con fuerza mi vientre el cual presentó un dolor demasiado preocupante.
El chófer no supo si socorrerme a mí o a la mujer del coche que había chocado contra nosotros en aquel cruce de carretera, la cual lloraba desconsolada con su niño de no más de tres años en sus brazos. Él, asustado y con heridas en la frente, abrazaba con fuerza a su madre y lloraba en silencio.
-Ve. Ayúdales. Estoy bien. -intenté incorporarme.
Víctor vaciló pero maldiciendo por lo bajo cojeó hasta ellos para verificar que el hijo no tenía ninguna herida mortal, al contrario que la madre la cual estaba perdiendo demasiada sangre del hombro donde tenía un cristal clavado.
Cuando me levanté, con un brazo alrededor de mi vientre, perdí mi cristalina mirada en aquella madre y su hijo.
Una paralizante emoción de desgarro en mi corazón me hizo tambalear cuando el niño comenzó a llamarla mami con agonía tras ver el cristal en su hombro. Ella besaba su cabeza y le repetía una y otra vez que todo iba a estar bien.
-Espíritu por espíritu.
Aquella frase se convirtió en un martirio que se reproducía a cada segundo en mi mente. Su voz se convirtió en una fractura mental que dejaba una herida abierta que generaba una terrorífica punción que me obligaba a detenerme y a gemir de dolor mientras sostenía mi cabeza.
Terminé echando a caminar en dirección contraria a Víctor y la familia hasta adentrarme en unos arbustos y siendo cobijada por árboles justo en el momento en que ambulancias y autos de policía pasaban a mis espaldas.
No lo había visto venir.
Pero había sido un error que ahora pagaría con horror. Gracias a mi hija vencí a uno de mis mayores enemigos y seguí adelante, sin asegurarme de aniquilar también la raíz de su linaje.
¿Quién era? ¿Su hija? ¿Su mujer?
Quien fuera, era una amenaza caótica. Era calculadora. Había aguardado paciente, buscando qué es lo que me dolería más perder.