[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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-Maldito sea mi reinado. Que quede claro desde ahora, mi princesa, que nunca estuve de acuerdo con esto.
Agachados tras uno de los numerosos y gingantescos árboles de tronco podrido y de hojas ausentes, asentí con mi ojo derecho observando la danza de sangre que se llevaba a cabo a unos metros de nosotros.
Asmodeo, con su espalda también apoyada en el árbol, contemplaba a los vikingos desde el otro lado. Su musculoso brazo desnudo se encontraba pegado al mío y terminé mirándole al sentir su tensión.
-En el mundo mortal tus devotos piensan que eres el que se lanza de cabeza a cualquier locura.
-Y lo soy. -asintió.- Pero incluso yo, Goetia, tengo de vez en cuando instantes de lucidez y razonamiento. ¡Incluso yo! -siseó entre dientes, acercando su rostro al mío.
Sonreí y seguí mirándole fijamente a lo que suspirando sonoradamente llevó sus manos de anillos rubí a su rostro, donde dejó nada delicadas caricias sobre sus ojos.
-No saldrás de esto. -susurró al escuchar los gritos desgarrados de las víctimas a nuestras espaldas.- Morirás y yo tendré que cerrar mi reino con llave y crear un nuevo infierno en el que me pueda esconder.
-¿Porqué?
-¡Porque tu puto ángel me arrancará mis miembros viriles y los llevará como medallas en su cuello! -exclamó por lo bajo, dando un puñetazo al árbol.
Vaya.
Deimos había dejado secuelas serias.
-Los lilim van conmigo. -cerré los ojos un instante en lo que tomaba una gran bocanada de aire.
Iban conmigo pero no era nada fácil ir con ellos.
-No te ofendas, pero no creo que sea suficiente esta vez. -me miró de reojo.
Terminé devolviéndole la mirada y le guiñé un ojo antes de apoyar una mano sobre su hombro tras despojarme del cinturón que cruzaba mi espalda con la espada Nyritri en él.
-Te pido un último favor, Asmodeo. Guárdala hasta mi regreso.
-¡¿Piensas entrar ahí desarmada?! -la sujetó para después estrellarla contra mi pecho.- No debería de ser yo quien te quite esta idea de la mente, no después de lo que sucedió, ¿pero acaso no piensas en la hija que te espera?
-Lo hago. Pero esto también es por ella. Por la protección de todos los míos. -cerró los ojos con un quejido abismal a lo que coloqué una mano en su nuca para acercar su rostro al mío.- Aguarda mi regreso y no cometas ninguna locura. Sino, yo misma seré la que acabe con tus otros miembros. -miramos a la vez su entre pierna y medio sonreí para transmitirle un poco de tranquilidad, cosa que por supuesto, fue en vano.- No seré una prisionera. Seré una tormenta fingiendo jaula.