[TERCER LIBRO SAGA LILIM]
Dios ama a toda su creación , incluyendo a los demonios. Pero...
¿Amará suficientemente a su hijo caído y a la primera Lilim en pisar tierras mortales como para salvarlos?
Descúbrelo en la tercera entrega de esta destructi...
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-Un plato con seis tortitas con nata, cinco sándwiches mixtos y dos raciones de patatas fritas. ¡Oh! Y una coca cola, por favor.
Jacob cerró el menú para tendérselo a la señora de mediana edad cuyo puesto de camarera parecía tenerla al borde del ataque de histeria.
Rodó los ojos cuando Richard le riñó a su pareja por pedir tanta comida, ya que le conocía tan bien que sabía la indigestión que este sufría cada vez que comía tanto antes de dormir.
-¿Alguna cosa más?
-No. Nuestro amigo compartirá sus raciones. -le guiñé un ojo.
-¡¿Que vuestro amigo qué?!
La camarera se alejó y apoyé mis codos en la mesa al mismo tiempo que Deimos para dirigirle una siniestra mirada de advertencia que le aconsejaba comportarse.
El que Jacob terminara resoplando me dejó claro lo bien que estaba siendo educada la orden Lilim.
-Esto es lo más humano que hemos hecho desde hace mucho tiempo. -sonrió Idalia, estirándose en su asiento para mirar a través de la pared de cristal.
Rato antes de que se llevara a cabo el juicio decidimos cenar en un restaurante de comida rápida cerca del gran palacio de justicia.
A regañadientes dejé a Nevan en la mansión. Mi idea había sido intimidar al juez pero una vez más Deimos, que junto a Lorcan eran los más sensatos, me aconsejaron e insistieron que lo mejor era llevar la fiesta en paz...
Sobre todo después de tener que deshacerme del cadáver de la fuente los cuales los seres sombra se mostraron encantados de ayudar a eliminar.
Escuché en silencio a los demás hablar sobre las probabilidades de salir exitosos legalmente de aquella situación.
Jacob, Richard y Lorcan iban vestidos con un esmoquin a juego de color negro, con una corbata de escamas de serpiente roja balanceándose sobre sus pechos desnudos. En cuanto a Idalia, el hada rosa de la orden, vestía una camisa rosa pálida y la conjuntaba con una falda de cuero rosado y unas botas hasta las rodillas de color blanco. Su cabello afro estaba recogido en un moño alto con un exagerado lazo rosa en el medio.
Parpadeó con burla con sus largas pestañas bajo la sombra rosa de sus ojos cuando notó mi mueca de disgusto al visualizar de nuevo el lazo.
Desconocía si era Goetia o los seres sombra que aún cargaba conmigo en el astral, pero deseaba arrancárselo cuanto antes.