106⛥Venus

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La primera lilim en conquistar el infierno encabezaba la punta principal de una mesa triangular.

Apoyaba mi brazo sobre el cristal negro, mientras todos intercambiábamos silenciosas conversaciones en lo que los camareros terminaban de servir filetes de ternera en nuestros platos.

Bajé los ojos hacia el mío. Estaba poco hecho.

Como alguien que solía masticar corazones mortales, no tenía problema alguno. Pero hubo quien sí.

Alguien con cabello negro despeinado y flequillo revuelto cayendo sobre sus ojos. Cuando lo hechó hacia los lados se escuchó un bufido por su parte. Deimos, quien se encontraba sentado junto a él, intentó enviarle una advertencia con la mirada pero fue demasiado tarde:

-Traed el botiquín. Si le metemos suero aún podemos salvar al animal.

Apreté con fuerza los labios.

Los Altos Amos se miraron entre sí, sin captar bien la broma de Jacob, quien me miró en ese instante y parpadeando lentamente le hice saber que si volvía a abrir la boca para decir alguna estupidez más ofrendaría su sangre a los vampiros rusos.

Lo entendió demasiado bien ya que se cruzó de brazos y guardó silencio.

La orden comenzó a comer pero ni yo ni los míos tocamos comida o bebida alguna. No éramos tan ingenuos.

Además, tanto Lorcan como los demás parecían haber adoptado la regla de que si sus amos no comían, ellos tampoco. En nuestros aposentos se les olvidaba totalmente, pero en público lo cumplían al pie de la letra.

-Nos honra inmensamente el finalmente encontrarnos con la princesa lilim, la hija de Lilith, cuya mera existencia redefine lo que creíamos inquebrantable en el mundo oscuro.

-Lilith tiene muchas hijas. -me encogí de hombros, intentando lucir humilde.

Mis palabras podían engañarte, pero mi mirada no.

-Pero ninguna que sea mortal. -siguió hablando la hermana del alto amo.- ¿Cómo se siente? Tener cuerpo humano y sangre demoníaca.

Alcé un dedo.

-Le faltó añadirle sangre divina. -le guiñé un ojo.- Pero respondiendo a su pregunta, se siente pecaminosamente divino.

Rieron por lo bajo de manera elegante y macabra.

La orden lilim guardó compostura.

-¿Y ustedes? -di delicados golpes con mis dedos sobre la mesa.- ¿Cómo se siente vivir creyendo que siglos de astucia les convierten en dueños de todo lo que no han creado?

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora