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Dormido parecía ser el de siempre.

Dormido te hacía sentir la falsa esperanza de que seguía siendo Deimos.

Dormido parecía mío.

Pero sabía que pronto abriría los ojos, y dejaría de serlo para convertirse en algo muy alejado del ángel que conquistó mi oscuridad.

Cruzada de brazos junto a sus pies no podía apartar los ojos de su pecho subiendo y bajando con calma.

Lorcan, adoptando mi misma postura, parecía escuchar revelaciones nada gratas del oráculo ya que de vez en cuando fruncía el ceño y tensaba la mandíbula con mirada de pesar.

Idalia continuaba limpiando con cuidado la sangre seca de su sien. Apretaba los labios para disimular el temblor en estos, amenazando en cualquier momento con llorar por presenciar al amo en su momento más vulnerable.

Richard se encontraba de pie detrás de Jacob, y apretaba su hombro con fuerza debido a la frustración en el rostro de este. Sentado y con los brazos apoyados sobre la mesa de la biblioteca donde teníamos tumbado y atado con cadenas a Deimos, masticaba súplicas y vagas soluciones que dificultaban ver luz alguna. Se pasó las manos por su cabeza y permaneció así un largo rato, negando para sí mismo.

El chirrido de la puerta nos sacó a todos de nuestros pensamientos.

-¿Qué hace un coche de la fórmula uno aparcado fuera? -Graciela palideció al ver a Deimos.- No. -negó con un sollozo seco, acercándose hasta apoyar sus manos sobre la mesa.- ¿Qué está pasado, Dios mío? -me observó.- ¡No podemos encadenarlo de esta manera! ¡No es un animal!

Tiró con fuerza de las cadenas que, rodeando cada pata de la mesa, apresaban cada una de sus extremidades sin delicadeza alguna.

-Lo es. -susurré, apoyándome disimuladamente contra la mesa por el dolor en mi costado.- Permanecerá aquí hasta que regrese. -cojeé en dirección a la puerta.- ¿Lorcan? Cuando despierte usa la magia del oráculo si es necesario, pero que no salga de la biblioteca. Richard e Idalia, deshaceos del coche. -me detuve en la puerta.- ¿Graciela? Alista a Alaida.

-¿Porqué?

-La llevaré conmigo.

-¿A dónde? -se levantó Jacob.

-Al infierno. -suspiré.- Estará más segura con sus abuelos en lo que doy con una solución extra a... -le señalé con la mano para después dejar caer con fuerza mi brazo.- A sea lo que sea que es esto.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora