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Las siguientes veinticuatro horas fueron una prueba proveniente del abismo mismo.

¿Porqué?

Porque a cada segundo que pasaba era infernalmente insoportable el ocultarle la noticia a Deimos.Y no solo eso, sino también el que en muchas ocasiones se daban momentos en los que me dejaban con las piernas temblando del nerviosismo.

Como cuando, al día siguiente, bromeaba con Jacob por lo bajo en la cocina sobre mis antiguos antojos mientras Graciela preparaba junto a Richard el desayuno.

-Esperemos que esta vez no tengas los mismos antojos del anterior embarazo.

-¿Antojos? ¿Quién tiene antojos?

Nos congelamos.

Rápidamente simulé ayudar a Jacob a fregar los vasos a pesar de que él me empujaba con su cadera para indicarme que me buscara otro oficio.

-Yo. Yo tengo antojos. -carraspeó Richard.

-¿Ah, sí? ¿De qué? -preguntó mi ángel, vestido con un pantalón holgado negro y una camisa de manga corta del mismo color pronunciando notablemente sus músculos y pectoralers.

-De cosas saladas. Por eso no haré galletas. Y si alguien me vuelve a insistir me acabaré enojando de verdad. -nos señaló con un cuchillo.

Divina mentira.

Convencido, Deimos asintió distraído para sostenerme de un brazo antes de pasar por su lado.

-¿Podemos hablar? Anoche desapareciste.

-E-Estaba con Soldanus y Copito en el establo. -mentí.- Me pareció verles cojear y me aseguré de que comían y descansaban adecuadamente.

-¿Cojear? -miramos a través de la ventana al mismo tiempo.

Lorcan e Idalia reían mientras intentaban coger de las correas a Soldanus y a Copito quienes corrían a su alrededor y saltaban con gran energía, quedando sostenidos a veces sobre sus dos patas.

Jacob me miró por encima del hombro, intentando no reír.

-Vaya. ¡Les curaste! -intentó salvar el momento Graciela.- ¿Qué magia usaste? ¿La divina o la níritri?

No podía odiar más mi vida en aquel momento.

-Las dos. -dije con un hilo de voz antes de abandonar la cocina.

Y ni hablar del momento que tuvo lugar tras el desayuno, con todos distraídos con un pasatiempo o tarea mientras Alaida entrenaba conmigo y con su padre en la parte trasera de la mansión.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora