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El salón del castillo de Lilith se oscureció.

No por magia.

Por presencia.

Mi caminar se detuvo a mitad de la gruesa alfombra roja y aún con la capucha sobre mi cabeza, mantuve mis mirada de muerte sobre la de mi madre.

Lilith, primera y última mujer, me observaba sentada en su trono.

Piernas cruzadas, boca escondida tras sus dedos apoyados contra esta y mirada cristalina pero firme.

En pie a su lado, con una mano apoyada en el respaldo de su trono, se encontraba mi padre.

Samael, veneno de Dios, manifestó un atisbo de lástima y herida en su mirada. Él, al contrario que mi madre, no resguardó sus sentimientos de demonio tras la coraza del averno.

Silencio.

Sólo hubo silencio.

Las velas negras y rojas de a nuestros alrededor poseían largas llamas que danzaban lentamente debido a la brisa infernal que se colaba de entre los gigantescos ventanales abiertos del techo.

Continuaron guardando silencio. Inmóviles. Eran una pintura celestialmente impura. Poder y oscuridad...

Pero su hija ahora era simplemente algo roto. Algo vacío.

-Quiero a Idadón.

Mi voz, gélida, exigente y con la pérdida cosida en ella consiguió que Lilith cerrara lentamente los ojos unos segundos.

Samael retiró el cinturón de su cintura y con él la espada. Y tras dejarlos en su trono, comenzó a bajar las escaleras con calma.

Su largo cabello negro bajo su corona danzaba con cada paso, acariciando sus pectorales al descubierto bajo la camisa victoriana de tela gruesa roja. Sus pantalones de cuero negro estaban introducidos en unas botas altas de tacón las cuales ahogaban la sentencia de su caminar en la alfombra.

-Hija. Debemos hablar.

No me moví.

Ni siquiera cuando estuvo en pie a mi lado. Mis ojos seguían fijos en mi madre.

-Quiero a Idadón. -volví a repetir.

Lilith abrió los ojos.

Me miró y dejó salir una larga exhalación.

Acto seguido retiró la mano de su boca. Vestía un largo vestido de escamas negras. Su escote pronunciado era acariciado por los numerosos mechones negros de su cabello el cual en aquel momento lucía más salvaje que nunca.

AMOS© |SAGA LILIM 3|Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora