Tercer Cuento.

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La vida con una anciana.

"Aquella anciana, cuyo nombre recordaba con cariño, era Isolda. Su amabilidad y dulzura eran inconfundibles; siempre me recibía con una sonrisa y preparaba deliciosas comidas con los animales que cazaba durante el día. Sin embargo, al reflexionar ahora, me doy cuenta de que esos "animales" eran en realidad bestias temibles, criaturas que susurraban historias de terror entre las sombras del bosque.

Isolda era una viejita intrigante; a pesar de su apariencia frágil y amable, poseía un aura de misterio que la rodeaba. Ella pensaba que yo no lo notaba, pero había noches en las que desaparecía, dejando tras de sí un silencio inquietante. En esos momentos, sabía que se dirigía a enfrentar a las bestias que acechaban en la oscuridad. Sus manos, arrugadas y temblorosas, parecían tener un poder oculto que la conectaba con el bosque. Cuando la luna llena iluminaba el cielo, Isolda se transformaba ante mis ojos en una guerrera formidable".

—Emm... ¿Eva? ¿No crees que no es buen momento para esto?—dijo Takeshi, mientras se defendía con su espada de la embestida de una manada de medianos carroñeros que se acercaban sigilosamente.

—¡Es rápido!—insistí, sintiendo la urgencia en el aire. Pero justo cuando iba a continuar hablando, un gruñido profundo resonó cerca de mí, helando mi sangre.

—¡Cállate, no me interrumpas!—grité mientras concentraba mi energía y creaba una burbuja que atrapó a la bestia, suspendiéndolo e inmovilizándolo entre el agua. Este apoyo facilitó que le atinaran una flecha a esos veloces carroñeros.—Como decía...

"Una noche, mientras la brisa suave acariciaba las hojas de los árboles, decidí seguirla. Me escondí detrás de un arbusto espinoso, con el corazón latiendo a mil por hora. La luz de la luna reflejaba su figura delgada mientras se adentraba en el bosque oscuro. A cada paso que daba, el silencio se volvía más intenso, como si la naturaleza misma contuviera la respiración.

De repente, escuché un rugido que hizo temblar el suelo. Isolda se detuvo y sacó de su cinturón un cuchillo brillante que relucía con una luz sobrenatural. "Es hora de demostrar quién manda aquí", murmuró para sí misma, antes de avanzar hacia la fuente del sonido.

Mientras me asomaba para ver mejor, vi cómo emergía una bestia enorme, cubierta de escamas oscuras y con ojos que brillaban como brasas. No era solo un animal; era una criatura que parecía sacada de una leyenda. Isolda no titubeó. Con movimientos precisos y llenos de gracia, comenzó a enfrentarse a la bestia.

El combate fue feroz y fascinante. Cada golpe que Isolda daba parecía resonar en mi corazón; sabía que estaba presenciando algo extraordinario. La anciana ahora convertida en una gran mujer danzaba entre las sombras, utilizando su conocimiento del entorno a su favor. Finalmente, tras una lucha intensa y agotadora, logró derribar a la bestia con un movimiento final que dejó a todos los árboles en silencio absoluto.

Cuando todo terminó y la criatura yacía inmóvil en el suelo, Isolda se acercó lentamente. Con un susurro casi mágico, comenzó a murmurar palabras que parecían invocar una energía ancestral. Entonces, para mi sorpresa, vi cómo el cuerpo de la bestia se desvanecía en una nube de humo brillante.

Regresé corriendo a casa esa noche con una mezcla de asombro y miedo. Isolda no solo era una cocinera cariñosa; era una guardiana del bosque.

A partir de entonces, cada vez que disfrutaba de sus comidas deliciosas, recordaba su valentía y los secretos que escondía. Nunca volví a mirar a Isolda como antes; ahora era mi heroína secreta".

—¡Fue en ese momento que supe que era una bruja! Esta es la parte de la historia que quería compartir con Kattie—exclamé, la emoción aún vibrando en mi voz.

—¿Bruja?—Takeshi soltó una risa suave mientras sacudía su espada ensangrentada con un movimiento elegante. Su tono era serio, pero había un destello de curiosidad en sus ojos—. Esa descripción se asemeja más a una valquiria.

—¿Valquiria?—pregunté, intrigada por su respuesta.

—Así es. Aunque, en realidad, podría ser muchas cosas: una selkie, un chaneque, o incluso una naga. Pero considerando su entorno y el hecho de que aún no se ha confirmado la existencia de esas criaturas, parece más probable que sea una bruja o una valquiria. No estoy del todo seguro; no la conocí personalmente. Pero... puede que esa "ancianita" no haya muerto.

—¿De verdad? Entonces, ¿por qué me dejó...?—mi voz titubeó ante la posibilidad.

—Tal vez tenía una misión; un propósito que cumplir. Solo estoy especulando, así que no me creas ciegamente. Pero si estoy en lo correcto... podrías cruzarte con ella nuevamente algún día.

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora