58. Fin de la tiranía.

11 2 0
                                        


El Manto es la prenda de vestir
que ahora conocemos como
blazer o sobretodo.


꧁༺۝༒♛ ♗༒۝༻꧂

Ya han pasado tres años desde que comenzó la tiranía de Takeshi, el mismo tiempo que estuvo exiliado de su reino. Sus sirvientes todos parecían esclavos y estaban exhaustos. Hikaru tenía nuevas marcas y cicatrices en brazos y espaldas, pero con esmero protegió a Kattie sin que ella se enterara. Motivado por la conversación de hace tiempo cuando bajo el telón de la noche, iluminados por la luz de la fogata mientras todos dormían, Kattie dijo "yo no supe que es ser esclava porque mí madre me protegió mucho de eso".

A pesar de todo, Kattie se sentía abatida de ya ni poder ser libre de hablar. Solo podía seguir a Nadia hacia todos lados y detenerse si ella lo decía, aunque por parte de Nadia nunca recibió un castigo físico.

En prisión había una gran cantidad de personas hambrientas y débiles, anhelando un rayo de sol en medio de su oscuridad. Los guardias y sirvientes estaban en todas partes, siempre escuchando e informando a todo de lo que él tirano hacia.

Cyrus se había visto obligado a crear poción tras posición, llevando un aproximado de más de cien pociones creadas en esos tres años. Sin embargo, en lo profundo de su ser, Cyrus sabía que cada gota de veneno que elaboraba era una chispa de esperanza. En su mente, cada fórmula contenía un plan, una estrategia para liberarse del yugo de Takeshi. Las noches eran largas y solitarias, pero en cada susurro de las sombras, encontraba el aliento necesario para seguir trabajando.

Mientras tanto, Kattie observaba desde la distancia. Su espíritu rebelde aún ardía, aunque reprimido bajo la opresión. Con cada historia que escuchaba de los prisioneros sobre sus familias y sueños arrebatados, la llama de la resistencia crecía en su interior. Sabía que debía hacer algo; no podía permanecer callada para siempre.

Mientras tanto, las sombras del palacio se volvían más densas. Takeshi había comenzado a sospechar que algo se cocía entre las filas de sus cautivos. En su paranoia creciente, intensificó la vigilancia y las torturas, pero eso solo avivó más el deseo de rebelión entre aquellos que sufrían. Menos uno que cada vez se hundía más en los recuerdos de su oscura infancia.

.

Un día, mientras que Kattie no era solicitada, buscó a Hikaru por todo el palacio, pero no lo encontraba por ninguna parte. Hasta que decidió por ir a su habitación, tocó un par de veces y luego de unos minutos recibió una débil respuesta.

—Entra.

Kattie entró de inmediato. Lo vio parado de espalda colocándose su manto mientras se preparaba para salir. Su figura delgada se recortaba contra la luz tenue que entraba por la ventana, y Kattie sintió un nudo en el estómago al notar su expresión sombría.

—Hikaru, ¿adónde vas? —preguntó, intentando ocultar la preocupación en su voz.

Él se volvió lentamente, sus ojos oscuros reflejaban un torbellino de emociones.

—Nuestro rey va a dar su alocución en breve. ¿No escuchaste?

—Emm... sí... pero...

—¿Pero qué?

Se mantuvo en silencio por un momento curvando sus cejas en desánimo. Enganchado de la correa escondida tras su espalda, sacó su diadema y se la colocó, acomodando su cabello entre las orejas.—No eres el mismo, nadie lo es ahora.

Hikaru no pudo evitar sentir nostalgia al escuchar sus palabras acompañadas de la diadema que le había dado, recordó ese día con cariño pero negó todos esos recuerdos enseguida.

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora