Alterno. 2/2

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Zephyr fijó su mirada en el objetivo, y al alcanzarlo, su expresión se tornó tan fría como la muerte misma al observar a su presa sumida en un abismo de desánimo y desesperanza.

Cyrus había intentado escapar, pero su fuerza se desvanecía, como si cada aliento que tomaba le fuera robado lentamente, drenando su vida en un cruel juego de agonía.

—Pobre infeliz, ¿solo quedaste tú? ¿No deseas acompañar a tus amigos en su viaje al más allá?—sus palabras, impregnadas de burla y desprecio, abrían más las heridas de Cyrus.

—Jaja, no soy un "juntos hasta la muerte".—respondió con un hilo de voz, luchando por respirar mientras el sudor frío se deslizaba por su frente y cuello, evidenciando su agotamiento.

Sin embargo, la verdad era otra. A pesar de su apariencia destrozada, Cyrus mantenía sus sentidos alerta, oyendo las voces que resonaban en el pasillo. Sabía que su destino estaba sellado como el de los demás, pero se negaba a permitir que nadie sufriera más de lo necesario.

Escuchó a los guardias discutir sobre el trágico destino de Kattie. Sin certeza sobre lo que vendría, reunió las pocas fuerzas que le quedaban para llamar la atención de Zephyr. Las posibilidades de evitarle el sufrimiento a Kattie eran un cincuenta por ciento; aun así, decidió arriesgarse, consciente de que nunca conocería el desenlace.

—Vaya, qué interesante. Aunque esa deslealtad merece un castigo.—entrecerró los ojos con una sonrisa siniestra, relamiéndose los labios.

Cyrus se inclinó hacia atrás involuntariamente, un gesto instintivo en medio del terror. Luchaba por mantener la calma.

«El precio de la libertad es la muerte. Pero siento que él no está dispuesto a concederme ninguna de las dos...»

.

Zephyr, con un movimiento casi casual, clavó un pequeño puñal en el hombro de su víctima, drenando lentamente su energía vital. El dolor se convirtió en una punzada aguda que él logró contener, reprimiendo un grito que amenazaba con escapar. La debilidad lo envolvía como una niebla densa, incapaz de quejarse o reaccionar ante la agonía que lo dominaba.

—¿Sabes algo? —dijo Zephyr, su voz un susurro lleno de satisfacción—. Es reconfortante tener una fuente de vitalidad a mi disposición.

Al final, Cyrus cayó al suelo, consciente pero inmóvil, su mirada cargada de incredulidad.

—No... lo creo... porque...

—Ahorra tus palabras —lo interrumpió Zephyr, agachándose frente a él y tomando su cabello con fuerza para forzarlo a mirarlo—. Sé que lo dirás. En algún momento, te consumirás por la falta de energía. Pero... ¿sabes? He muerto y renacido tantas veces que he aprendido el valor del tiempo; lo que hace tan exquisito a un mortal se reconstituye lentamente. Sin embargo, al poseer la activa sanación, la recuperación es rápida; solo un día para restaurar todo lo que eres.

—¿Qué... quieres decir con eso?

—Que te mantendré vivo hasta que me aburra de ti —respondió con una sonrisa cruel mientras sus cadenas se ajustaban con fuerza alrededor de las muñecas del prisionero, obligándolo a caminar, aunque en realidad lo arrastraba por el suelo—. Vamos, te llevaré a tu calabozo especial, donde serás mío cuando necesite restablecer mi poder.

Cyrus intentó levantarse, luchando por recuperar la dignidad en medio de su debilidad, pero el agotamiento lo mantenía cautivo en su propio cuerpo.

Sin ninguna piedad, fue arrastrado hacia la celda más fría y oscura, despojado de cualquier contacto humano. En su interior sabía que la locura lo consumiría tarde o temprano. Zephyr lo dejó allí sin permitirle protestar y se marchó, dejando tras de sí una sonrisa burlona y satisfecha.

Luang. De Lord a plebeyo.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora