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Un Atisbo de Esperanza ════ ⋆★⋆ ════
El sol apenas asomaba sobre el laberinto cuando Ada se despertó, sintiendo el aire fresco y la calma del amanecer. No era frecuente tener momentos de paz en el Claro, y quería aprovecharlo antes de que los otros clarianos comenzaran a despertarse y la rutina diaria tomara su curso.
Caminó hacia el Jardín, donde sabía que encontraría a Newt, siempre madrugador, revisando las plantas y asegurándose de que todo estuviera en orden. Al llegar, lo vio de espaldas, concentrado en su trabajo, con su cabello rubio desordenado y la camisa ligeramente arrugada por el esfuerzo.
—Buenos días, Newt, —saludó con una sonrisa suave.
Newt levantó la mirada, sus ojos color miel brillando con la luz matutina. —Ada, buenos días. ¿Qué te trae aquí tan temprano?—
—Solo quería un poco de tranquilidad antes de que empiece el caos, —respondió, acercándose a él. —Y pensé que quizás necesitarías una mano.—
Él sonrió, una expresión que siempre lograba calentar el corazón de Ada. —Siempre eres bienvenida aquí. ¿Sabes algo sobre jardinería?—
—No mucho, pero estoy dispuesta a aprender,— dijo, tomando una pequeña pala y arrodillándose junto a Newt.
Trabajaron en silencio por un rato, la paz del Jardín solo rota por el canto de los pájaros y el susurro de las hojas. Ada observaba a Newt de reojo, admirando la dedicación con la que cuidaba cada planta, la suavidad con la que trataba la tierra, como si cada elemento del Claro fuera su responsabilidad personal.
Finalmente, Newt rompió el silencio. —Sabes, siempre he encontrado consuelo en el Jardín. Es uno de los pocos lugares donde puedo dejar de preocuparme por todo, al menos por un rato.—
Ada asintió, sintiendo una conexión más profunda con él. —Lo entiendo. Todos necesitamos un escape.—
Newt se volvió hacia ella, sus ojos ahora serios pero llenos de una ternura que Ada no había visto antes. —Ada, eres una de las personas que hacen que todo esto sea más llevadero. Tu presencia, tu amabilidad… realmente haces la diferencia aquí.—
El corazón de Ada latía con fuerza ante sus palabras. —Newt, yo… no sé qué decir. Tú también significas mucho para mí. Eres una luz en medio de toda esta oscuridad.—
Hubo un momento de silencio entre ellos, cargado de emociones no dichas. Luego, Newt dio un paso adelante, acercándose más a Ada, y tomó su mano. —No sé qué nos depara el futuro, pero quiero que sepas que, mientras estemos juntos, siempre habrá esperanza.—
Ada sintió una oleada de calidez y seguridad. Apretó suavemente la mano de Newt, sus dedos entrelazados como un ancla en medio de la tormenta que era su vida en el Claro.
—Siempre, —susurró ella, sintiendo que, en ese momento, había encontrado algo verdaderamente especial en medio del caos.
Con una sonrisa compartida, continuaron trabajando en el Jardín, sabiendo que, pase lo que pase, siempre tendrían el uno al otro.