Gilbert Blythe | Anne with an e

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La sencillez del amor ════ ⋆★⋆ ════

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La sencillez del amor
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Brenda nunca había sido la chica que soñara con ser el centro de atención, y en Avolea, eso no había cambiado. Al principio, nadie parecía notar demasiado su presencia. Era discreta, trabajadora y siempre con una sonrisa tímida en el rostro. Sus días en la escuela transcurrían entre libros viejos, clases de geografía y algo de matemáticas, aunque la mayor parte del tiempo su mente volaba lejos, hacia los proyectos e inventos que siempre se le ocurrían para mejorar la vida de su familia.

Su familia era humilde, demasiado para lo que la gente de Avolea consideraba "normal". Habían perdido su hogar debido a un mal negocio que había dejado a su padre sin empleo, y desde entonces vivían en una modesta cabaña a las afueras del pueblo. Brenda tenía dos cambios de ropa, los cuales lavaba meticulosamente todos los días, y aunque su ropa era sencilla, siempre estaba impecable. Hacía todo lo que podía por dar una buena impresión, pero a pesar de sus esfuerzos, pronto comenzaron a surgir rumores. Billy, el hijo del comerciante más rico del pueblo, y Josie, una chica de buena familia, comenzaron a murmurar a sus espaldas. En sus ojos, Brenda no era más que una chica pobre, diferente a las demás.

"¿Vas a estudiar para ser sirvienta en la casa de alguien?", escuchaba de vez en cuando. "¿Seguro que tus padres no te necesitan en casa?", le susurraban burlas mientras pasaba por los pupitres de la escuela.

Brenda aguantaba el dolor de las palabras, sonriendo con una dulzura que solo ella sabía cómo mantener, mientras su mente se aferraba a los pequeños momentos de alegría que podía encontrar: los bocetos de sus inventos, las tardes tranquilas en la escuela y, sobre todo, las conversaciones con un chico que se había convertido en su refugio: Gilbert Blythe.

Gilbert, al contrario de lo que todos pensaban, no se burlaba de ella. Desde el primer día, notó algo diferente en Brenda. Había una luz en ella, una inteligencia y determinación que superaban con creces lo que el simple estatus social de su familia le sugería. Se dio cuenta rápidamente de las bromas crueles que Billy y Josie le lanzaban, y decidió hacer algo al respecto. Comenzó a ayudarla, no con caridad, sino con una genuina preocupación por su bienestar. Se ofrecía a cargar sus libros, a ayudarla con sus estudios y, si el tiempo lo permitía, a acompañarla a casa.

—¿Por qué haces todo esto por mí? —preguntó Brenda un día, cuando vio a Gilbert quedarse después de clase para ayudarla con un problema de álgebra.

Gilbert sonrió, su rostro siempre tan confiado, pero su mirada sincera.

—Porque, Brenda, eres más que lo que ves en el exterior. Y me gustaría ser alguien que te ayude a ver eso. No quiero que te rindas por lo que otros piensan.—

Las palabras de Gilbert calaron hondo en el corazón de Brenda. Nadie le había hablado nunca de esa manera. Nadie la había visto más allá de su pobreza, más allá de la familia que luchaba por sobrevivir, más allá de su condición. Y en sus ojos brillaba algo más, algo que Brenda empezó a reconocer: una admiración que iba más allá de la amistad.

Por fin, llegó el día en que Brenda decidió escribirle la carta. Sentada junto a la ventana de su habitación, con una pluma vieja y un trozo de papel arrugado, vertió sus sentimientos en cada palabra. No podía evitarlo. Gilbert había sido su amigo, su protector, el único que veía la belleza de su alma en lugar de su apariencia exterior. Y, en secreto, Brenda lo amaba.

La carta estaba lista, pero antes de que pudiera entregársela, algo terrible ocurrió.

El sonido de las risas crueles de Billy y Josie la sacó de sus pensamientos. Miró hacia atrás y vio cómo Billy, con una sonrisa burlona, sostenía su carta entre las manos.

—¿Qué tenemos aquí? —dijo Billy en voz alta, abriendo el sobre. —Parece que Brenda tiene algo que decirnos. —Y, con una risa maliciosa, leyó en voz alta las palabras que ella había escrito con tanto amor: "Gilbert, desde que te conocí, no puedo dejar de pensar en ti, en tu amabilidad, en tu sonrisa. Eres mi refugio y mi fuerza, y en mi corazón hay un amor que crece cada día más. No sé si me ves de la misma manera, pero quería que lo supieras…"

El murmullo de los estudiantes se convirtió en una ola de risas. Brenda sintió el calor de la vergüenza subir por su rostro. Quería hundirse en el suelo, quería escapar, pero no podía moverse. La humillación era demasiado. Todos miraban, algunos con curiosidad, otros con burla, pero ninguno con la empatía que ella deseaba.

Justo cuando Brenda pensó que todo estaba perdido, una voz firme y tranquila se levantó en el aula.

—Eso es suficiente, Billy. —Era Gilbert. Sus ojos estaban llenos de determinación mientras se acercaba a Brenda. —Lo que Brenda escribió no es algo para reírse, sino algo precioso. No permitas que nadie te haga sentir menos, Brenda. Y no me importa lo que digan, porque yo... —Gilbert se detuvo un momento, su rostro se suavizó, y luego, sin decir más, dio un paso hacia ella.

En un impulso, se inclinó y besó a Brenda, un beso lleno de ternura, de comprensión y de algo que, por fin, había brotado entre ellos: un amor que no entendía de clases, ni de riquezas, ni de humillaciones. Solo era puro, sincero, y real.

Cuando se separaron, Brenda, con el corazón acelerado y los ojos brillando, vio cómo Gilbert la miraba con una sonrisa tranquila.

—Yo también te quiero, Brenda. Y no me importa de dónde vienes o lo que otros piensen. —Dijo, su voz suave, pero llena de fuerza.

El mundo podía seguir girando con todas sus sombras, pero en ese instante, en esa escuela llena de risas vacías, Brenda encontró algo más grande que cualquier riqueza: un amor verdadero que no necesitaba ser probado, solo vivido.

One shots | Multifandom Donde viven las historias. Descúbrelo ahora