Lucas Sinclair | Stranger things

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La promesa de Lucas════ ⋆★⋆ ════

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La promesa de Lucas
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El reloj en la pared marcaba las seis y media. La mesa del comedor estaba cubierta con platos de comida que Ondine había preparado durante todo el día: bocadillos, refrescos y un pastel casero con el glaseado imperfecto pero hecho con cariño. Una guirnalda de "Feliz Cumpleaños" colgaba ligeramente torcida sobre la entrada de la sala, y los pequeños detalles que había ideado —como juegos de mesa, cintas y una lista de música cuidadosamente seleccionada— seguían intactos.

Sin embargo, nadie había llegado.

Ondine seguía sentada en una de las sillas, moviendo con nerviosismo una de las servilletas en sus manos. Una hora antes, se había convencido de que todos estaban retrasados. Pero después de varios intentos frustrados de llamar a Mike, Dustin, Max y Eleven, la verdad se clavó como un cuchillo: lo habían olvidado.

Mike, Dustin y Will estaban perdidos en alguna sesión de Dungeons & Dragons. Max y Eleven habían mencionado algo sobre ir de compras, y Lucas… bueno, Lucas tenía un partido de baloncesto. Pero no le había dicho nada. Nadie lo había hecho.

—Idiota —murmuró Ondine, dirigiéndose a sí misma mientras recogía uno de los platos.

Sus ojos ardían, pero no iba a llorar. ¿Por qué debería hacerlo? Sólo era su cumpleaños, después de todo. Sus amigos tenían cosas más importantes que recordar.

Mientras guardaba un par de vasos, un golpe en la puerta la sobresaltó. Se congeló, indecisa por un momento, antes de caminar lentamente hasta abrir. Del otro lado estaba Lucas Sinclair, todavía vestido con su uniforme de baloncesto. Tenía el cabello algo desordenado y respiraba agitadamente, como si hubiera corrido hasta allí.

—Lucas… ¿qué haces aquí? —preguntó Ondine, su voz apenas un hilo.

Lucas la miró por un segundo, el sudor todavía visible en su frente. Luego bajó la mirada hacia sus zapatillas embarradas, como si intentara ordenar sus palabras.

—Me enteré de lo de tu cumpleaños —dijo al fin, su voz seria—. Mike… Mike lo mencionó cuando ya íbamos saliendo del gimnasio.

—¿Y qué? —respondió ella, cruzándose de brazos y esforzándose por parecer indiferente—. Todos tenían cosas más importantes que hacer, ¿no? No pasa nada.

—Sí pasa —dijo Lucas rápidamente, levantando la mirada—. Ondine, lo siento. Lo olvidamos. Todos lo hicimos, y eso no está bien.

Ondine apretó los labios y apartó la mirada. Sentía cómo el enojo y la tristeza subían a su garganta de nuevo, y odiaba que Lucas lo estuviera viendo.

—No tienes por qué disculparte. No importa.

—Claro que importa. A mí me importa —respondió él con firmeza.

Antes de que ella pudiera contestar, Lucas sacó algo de su bolsillo: una pulsera de cuero trenzado, simple pero cuidadosamente hecha, con un pequeño colgante metálico en forma de estrella. Lo sostuvo en su palma, como si fuera el objeto más importante del mundo.

—No tenía tiempo para ir a buscar un regalo, pero… —Lucas tragó saliva, visiblemente incómodo—. Hice esto hace tiempo. Iba a quedarmelo, ya que me salio fatal. Lo tenía guardado, y pensé que tal vez… tal vez tú lo querrías.

Ondine lo miró en silencio, sorprendida por la vulnerabilidad en su voz. Era raro ver a Lucas Sinclair, siempre tan seguro y competitivo, tartamudear así. Lentamente, ella tomó la pulsera de su mano.

—¿La hiciste tú?

Lucas asintió, rascándose la nuca.

—Sí. No es perfecta, pero… —respiró hondo, clavando los ojos en los suyos—. Quería darte algo que te recordara que no estás sola, Ondine. Porque no lo estás.

Ondine sintió cómo su corazón latía más rápido mientras miraba la pulsera. Era pequeña, pero significaba más de lo que él imaginaba.

—Gracias —susurró ella, poniéndosela con cuidado.

—Oye, pero no creas que esto es todo —dijo Lucas, su voz recuperando algo de la energía de siempre—. ¿Dónde está el pastel?

—¿El pastel? —preguntó Ondine, desconcertada.

—Sí. Vamos a encenderle unas velas y celebrarte como te mereces —respondió él, sonriendo con esa confianza que siempre lograba desarmarla—. Después de eso, podemos hacer lo que quieras. Ver una película, salir a dar una vuelta en bicicleta... lo que sea.

Ondine no pudo evitar reír suavemente, sacudiendo la cabeza.

—¿De verdad vas a quedarte?

—Claro que sí —respondió Lucas con seriedad—. Prometí compensártelo, ¿no?

Ondine lo miró, y por primera vez en todo el día, se sintió vista. Lucas no había tenido que venir. Podría haberse quedado con su equipo, celebrando la victoria de su partido. Pero en lugar de eso, estaba allí, parado en su puerta, decidido a devolverle la sonrisa que el resto del día le había arrebatado.

—Está bien —dijo finalmente, sonriendo—. Pero espero que te guste el pastel de fresa.

—Me encanta —respondió Lucas, siguiéndola hacia la mesa aún decorada, donde el pastel esperaba—. Aunque lo que más me gusta… es que ahora sí vamos a celebrar como se debe.

Ondine lo miró de reojo mientras encendía las velas, y su corazón se llenó de algo cálido, algo que había creído perdido unas horas antes. Tal vez sus amigos habían olvidado su cumpleaños, pero Lucas Sinclair estaba ahí. Y eso, al menos para ella, lo cambiaba todo.

—Gracias, Lucas —dijo mientras él se inclinaba para ayudarla con las velas.

Lucas le sonrió de nuevo, esa sonrisa que lograba iluminar hasta el peor de los días.

—Siempre voy a estar aquí, Ondine. Lo prometo.

Y esta vez, ella le creyó.

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