Caspian | Narnia

586 30 1
                                        

Bajo el Manto de la Corona════ ⋆★⋆ ════

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Bajo el Manto de la Corona
════ ⋆★⋆ ════

El viento soplaba con fuerza aquella tarde en Cair Paravel, arrastrando con él el olor salado del mar y el eco de las campanas que anunciaban la inminente boda. Odette apretó los puños mientras su doncella ajustaba el corpiño de su vestido. Los bordados dorados relucían bajo la luz, pero a ella le parecía una cadena: una trampa disimulada con perlas y encajes.

—Majestad, es hora —murmuró la mujer suavemente, como si temiera que Odette echara a correr.

Pero no lo haría. No podía. No cuando el destino de su reino yacía sobre sus hombros, y la única manera de mantener la paz era casarse con él: el rey Caspian.

Un rebelde, un guerrero, un hombre que parecía todo menos el marido adecuado. Odette lo había conocido meses atrás, cuando las negociaciones de paz habían comenzado, y desde ese momento sus encuentros habían estado marcados por una tensión constante. Caspian era todo lo que ella detestaba: arrogante, seguro de sí mismo, y con esa sonrisa engreída que la hacía hervir de rabia.

Y sin embargo, ahora estaba a punto de ser su esposa.

La ceremonia fue rápida, solemne. Los votos se pronunciaron en un tono distante, como si ninguno de los dos quisiera admitir lo que estaba sucediendo. Caspian la miró directamente a los ojos cuando deslizó el anillo en su dedo, y por un instante, Odette creyó ver algo distinto en su expresión. Algo suave, casi vulnerable. Pero tan rápido como apareció, desapareció.

—Mi reina —dijo él en voz baja cuando todo terminó, inclinando ligeramente la cabeza con una sonrisa enigmática.

—Majestad —respondió ella con rigidez, sin molestarse en ocultar su desprecio.

La celebración se prolongó durante horas. Odette apenas probó bocado mientras los invitados bebían, reían y bailaban en honor a la nueva unión. Finalmente, cuando la luna ya dominaba el cielo y las velas se habían consumido, una de las damas se acercó a ella con una reverencia.

—El rey la espera en sus aposentos, mi señora.

Odette sintió que el estómago se le encogía, pero no dijo nada. Simplemente asintió y se levantó, caminando por los pasillos interminables del palacio, sintiendo el peso de cada paso. Cuando llegó a la puerta, la abrió sin ceremonias.

Caspian estaba allí, de pie junto a la ventana, con la chaqueta desabrochada y el cabello ligeramente desordenado. La luz plateada de la luna lo envolvía, dándole un aire casi irreal.

—Llegas tarde —comentó él, girándose para mirarla.

—¿Debería disculparme, Su Majestad? —respondió Odette con frialdad.

Caspian sonrió, una sonrisa lenta y peligrosa que hizo que el corazón de Odette diera un vuelco.

—Si piensas que las formalidades nos llevarán a algún lado, te equivocas —dijo él, acercándose lentamente. Cada paso que daba parecía devorar la distancia entre ellos—. Estamos casados ahora. No hay necesidad de juegos.

Odette lo miró con el mentón alzado, negándose a apartar la vista.

—Esto no significa que te pertenezca —espetó.

—No —respondió Caspian suavemente, deteniéndose frente a ella—. Pero tampoco significa que me odies tanto como finges.

—Estás delirando.

Caspian rió entre dientes, bajo y profundo, y Odette sintió cómo su piel se erizaba. Antes de que pudiera retroceder, él levantó una mano y rozó su mejilla con los dedos, un toque sorprendentemente suave.

—Odette… —murmuró, su voz mucho más baja ahora—. Tal vez no nos elegimos, pero eso no significa que esto deba ser una guerra.

—No te equivoques —susurró ella, aunque su voz sonaba menos segura—. Esto ya es una guerra.

Caspian sonrió de nuevo, pero algo en su expresión había cambiado. Sus ojos la estudiaban, intensos y atentos, como si pudiera ver a través de ella. Antes de que pudiera decir algo más, él inclinó la cabeza y sus labios rozaron los suyos, apenas un toque, como si estuviera esperando su reacción.

Odette no se movió. Ni lo rechazó, ni lo correspondió. Pero cuando Caspian volvió a besarla, más firme esta vez, sintió cómo algo dentro de ella se rompía.

—¿Qué estás haciendo? —murmuró contra sus labios.

—Descubriéndote —respondió él, con voz áspera, antes de besarla de nuevo.

Esta vez, Odette no pudo resistirse. Algo en la forma en que él la tocaba —con pasión, pero también con cuidado— la desarmó por completo. Se aferró a sus hombros mientras él la rodeaba con sus brazos, estrechándola contra su cuerpo como si temiera que pudiera escapar. El beso era todo lo que nunca habría admitido que deseaba: intenso, desafiante, lleno de una promesa que no entendía.

Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban con dificultad. Caspian apoyó la frente contra la de ella, sus manos todavía sujetando su cintura.

—Esto no significa nada —dijo Odette en un intento desesperado por recuperar el control.

—No, claro que no —respondió Caspian, aunque la sonrisa en su rostro decía lo contrario—. Sólo un beso entre rivales.

Odette lo miró, furiosa por cómo lograba siempre descolocarla, y sin embargo… una parte de ella quería más. Porque por primera vez, bajo el peso de una corona que nunca había pedido, se sentía viva.

Y Caspian lo sabía.

—Que gane el mejor, entonces —susurró ella, antes de volver a besarlo, esta vez sin reservas.

Caspian rió suavemente contra su boca, como si hubiera ganado una batalla invisible. Pero Odette no se lo pondría fácil. Después de todo, lo suyo siempre había sido la guerra.

One shots | Multifandom Donde viven las historias. Descúbrelo ahora