¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Torre de Astronomía ════ ⋆★⋆ ════
El sol se estaba ocultando en el horizonte cuando Ron Weasley entró en la Torre de Astronomía con un par de tazas de café en las manos, sus pasos resonando suavemente en el suelo de piedra.
Sabía que Daisy pasaba largas horas allí, preparando su proyecto de investigación para los exámenes finales. Ron, con la intención de ayudarla, había decidido hacer un pequeño gesto para animarla.
Mientras subía las escaleras, recordó cómo a lo largo de los años, sus intentos de ayudar a Daisy a menudo terminaban en desastres. Como aquella vez en que accidentalmente encendió el caldero que ella necesitaba para una poción crucial, o cuando olvidó llevarle la información que tanto necesitaba en la biblioteca.
Pero no dejaba que eso lo desanimara; su deseo de apoyar a Daisy siempre era sincero, incluso si los resultados no eran perfectos.
Finalmente, llegó a la puerta de la torre y la abrió con cautela. Daisy estaba inmersa en un montón de pergaminos y libros, con el cabello recogido en un desordenado moño y una expresión de concentración intensa. Al verla así, Ron sintió una punzada de preocupación.
—¡Daisy! —dijo Ron con una sonrisa, tratando de sonar alegre—. Pensé que podría traerte algo para levantar el ánimo.
Daisy levantó la vista, un poco sorprendida, pero sus ojos se suavizaron al ver las tazas de café.
—Oh, Ron, eso es muy amable de tu parte —dijo ella, tomando una de las tazas y oliendo el aroma reconfortante del café—. Gracias, pero... ¿no se supone que es para estudiar aquí?
Ron frunció el ceño y miró alrededor, viendo el mar de pergaminos y libros desordenados.
—Pensé que podrías usar un descanso —dijo él, sintiendo un leve rubor en sus mejillas—. Pero si estoy interrumpiendo, puedo irme.
Daisy sacudió la cabeza con una sonrisa tierna.
—No, realmente aprecio el gesto —dijo ella—. Pero, si me permites una sugerencia... podría necesitar un poco más de ayuda con la organización de todo esto.
Ron se rascó la cabeza, sintiendo un atisbo de culpa, pero también aliviado.
—Claro, ¿qué puedo hacer? —preguntó, dispuesto a redimir su gesto.
Daisy le mostró una serie de pergaminos y libros, explicando cuál debía ser la prioridad y cómo organizar la información. Ron, con gran empeño, comenzó a clasificar los documentos y a colocar los libros en sus respectivos estantes. A pesar de algunos pequeños errores en la organización —como colocar un libro de hechizos en el estante de pociones—, el esfuerzo de Ron era evidente.
Mientras trabajaban juntos, Daisy no pudo evitar reírse de los intentos torpes de Ron, su risa llenando la torre de una calidez especial.
—Sabes, Ron —dijo Daisy, levantando la vista y viéndolo con aprecio—. Aunque siempre terminas haciendo algo que no está del todo bien, aprecio tu intención y tu esfuerzo.
Ron se sonrojó ligeramente, sonriendo tímidamente.
—Solo quería ayudarte. Y, por cierto, si te portas bien, tal vez te deje una de las galletas que tengo en mi bolso.
Daisy rió de nuevo, su sonrisa iluminando la torre más que el sol que se escondía afuera.
—Esa es una oferta que no puedo rechazar.
Cuando la noche avanzó, y el trabajo en la torre se hizo más llevadero con la compañía de Ron, ambos se dieron cuenta de que, aunque sus esfuerzos de ayuda podían no ser perfectos, el cariño y la dedicación detrás de ellos eran lo que realmente contaba. La torre de astronomía se llenó de una sensación de compañerismo y apoyo, recordándoles que a veces, la verdadera magia reside en los pequeños gestos de cuidado y afecto.