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Sombras de Plata ════ ⋆★⋆ ════
El castillo de Hogwarts estaba envuelto en la penumbra de la noche cuando Celia salió de la Sala Común de Gryffindor, la túnica ondeando a su alrededor mientras se dirigía hacia la biblioteca. Era una noche tranquila, pero el aire estaba cargado con la tensión de la guerra que se avecinaba. Todos en la escuela lo sentían, y nadie más que Celia lo comprendía mejor. Necesitaba un escape, un lugar donde pudiera perderse en los libros y olvidar, aunque fuera por un momento, las sombras que se cernían sobre ellos.
Al llegar a la biblioteca, la encontró casi vacía, excepto por una figura solitaria en una de las mesas del fondo. Reconoció inmediatamente la cabellera rubia platino. Draco Malfoy. Su rival desde el primer año, el chico que parecía deleitarse en hacerle la vida imposible.
Con un suspiro, decidió ignorarlo y se dirigió a una estantería cercana. Estaba buscando un libro sobre encantamientos avanzados cuando escuchó un susurro bajo.
—¿No tienes nada mejor que hacer que husmear, Celia?—
Celia rodó los ojos y se volvió hacia él. —Estoy aquí por lo mismo que tú, Malfoy. Ahora, si me disculpas…—
Draco la observó con una mezcla de desdén y algo más que Celia no pudo identificar. —No creo que encuentres lo que buscas en ese estante. Prueba la sección de encantamientos oscuros, tal vez ahí encuentres algo interesante.—
—No todos estamos interesados en las artes oscuras, Malfoy —replicó ella, su voz más firme de lo que se sentía.
Para su sorpresa, Draco no respondió con su usual sarcasmo. En lugar de eso, se levantó y caminó hacia ella, su expresión seria. —¿Por qué sigues aquí, Celia? Con todo lo que está pasando, podrías estar a salvo en casa. ¿Por qué arriesgarte?—
Celia lo miró con desafío. —Porque no voy a dejar que el miedo me controle. Hogwarts es mi hogar, y no pienso huir.—
Draco suspiró y, por un momento, Celia vio algo vulnerable en sus ojos. —No todos tenemos la opción de huir —murmuró.
Hubo un silencio pesado entre ellos, lleno de todas las palabras no dichas y los resentimientos acumulados. Finalmente, Celia habló. —¿Qué te pasa, Malfoy? No eres tú. El Draco que conozco estaría lanzando insultos, no teniendo una conversación sincera.—
Draco dejó escapar una risa amarga. —Tal vez no me conoces tan bien como crees, Celia.—
Celia lo observó más de cerca, notando las sombras bajo sus ojos, la tensión en sus hombros. —Estamos en el mismo barco, ¿verdad? Ambos luchando contra algo que no podemos controlar.—
Draco asintió lentamente. —Más de lo que te imaginas.—
Impulsada por una mezcla de compasión y curiosidad, Celia dio un paso hacia él. —Tal vez no tenemos que luchar solos.—
Draco la miró, sus ojos grises llenos de conflicto. —Celia, no sabes lo que estás diciendo. Mi vida… no es algo que quieras compartir.—
Ella extendió una mano, casi sin pensarlo. —No sé todo sobre ti, Draco. Pero quiero intentarlo. Quizás podamos encontrar algo más que enemistad.—
Con una mirada de incredulidad, Draco tomó su mano, sus dedos fríos contra los de ella. —Eres más valiente de lo que pensé, Celia.—
—Y tú más humano de lo que aparentas, Draco.—
En ese instante, en la penumbra de la biblioteca, algo cambió entre ellos. No eran solo rivales, sino dos almas perdidas buscando consuelo en medio del caos. Y en ese pequeño gesto, encontraron un atisbo de esperanza.