Fred Weasley | Harry Potter

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Entre el Fuego════ ⋆★⋆ ════

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Entre el Fuego
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El salón común de Gryffindor estaba casi vacío. La mayoría de los alumnos habían subido a sus dormitorios, pero dos personas permanecían ahí, atrapadas en su eterna rutina de provocaciones.

—¿Piensas quedarte ahí toda la noche, Nalie? —preguntó Fred Weasley desde su sillón, con su típica sonrisa burlona. Su postura era completamente relajada, como si no tuviera otra preocupación en el mundo más que molestarla.

Nalie apretó los labios y se inclinó para recoger sus libros, ignorándolo. Era obvio que él había sido el responsable de que todo su material terminara “accidentalmente” en el suelo. Fred siempre encontraba una forma de fastidiarla.

—¿Qué te hace pensar que quiero perder un segundo contigo, Weasley? —respondió, su tono helado, aunque por dentro sentía cómo la irritación le hacía hervir la sangre.

Fred rió entre dientes y se puso de pie con agilidad, acercándose a ella en silencio. Cuando Nalie lo notó, él ya estaba parado a su lado, observándola con esa mirada que siempre la desarmaba.

—Vamos, no seas así —dijo él con voz suave, pero aún burlona—. A estas alturas, deberías admitir que te encanta que te preste atención.

—Estás delirando —espetó ella, sujetando sus pergaminos como si fueran un escudo.

—¿Delirando? —Fred se inclinó un poco, quedando peligrosamente cerca de su rostro—. Lo noto, Nalie. Siempre lo noto.

Su voz grave la hizo contener el aliento. Fred no solía ponerse serio, y cuando lo hacía, el efecto era aún más devastador. Su mirada chispeante estaba fija en ella, recorriéndola como si pudiera leer cada uno de sus pensamientos.

—¿Nerviosa? —susurró él, una sonrisa ladeada curvando sus labios.

—Claro que no —mintió, aunque el rubor traicionero en sus mejillas decía lo contrario.

Fred no le creyó ni por un segundo. Con movimientos lentos, como si estuviera retándola a detenerlo, levantó una mano y apartó un mechón de su cabello. El roce de sus dedos fue suficiente para que un escalofrío le recorriera la columna.

—No juegues conmigo, Weasley —advirtió Nalie, su voz apenas un murmullo.

—¿Y si no estoy jugando? —respondió él. Su rostro estaba tan cerca que ella podía ver cada pequeño destello en sus ojos castaños.

Y entonces, Fred hizo lo que ninguno de los dos estaba dispuesto a admitir que deseaba. Se inclinó y la besó.

El tiempo pareció detenerse cuando los labios de Fred tocaron los suyos. No había suavidad en aquel beso; fue directo, decidido, como si toda la tensión entre ellos hubiera explotado al fin. Nalie jadeó ligeramente, sorprendida por la intensidad, pero no tardó en corresponder, soltando los pergaminos y aferrándose al suéter de Fred.

Fred sonrió contra su boca al sentir su respuesta y profundizó el beso, inclinándose más hacia ella, envolviéndola con sus brazos. Nalie sintió cómo su cuerpo ardía dondequiera que él la tocaba. Sus manos, fuertes y cálidas, se deslizaron por su espalda, atrayéndola más hacia él.

Cuando se separaron apenas unos centímetros, Fred la miró con una sonrisa triunfante y voz entrecortada.

—¿Todavía me odias? —preguntó, con ese tono descarado que tanto la sacaba de quicio.

Nalie intentó responder, pero las palabras no salían. Su corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía escucharlo.

—Sí —logró decir finalmente, aunque su voz sonaba débil.

Fred soltó una risa baja, inclinando su frente contra la de ella.

—Perfecto —susurró—. Porque me encanta que me odies así.

Nalie sintió cómo la calidez de su aliento rozaba sus labios nuevamente, justo antes de que Fred la besara otra vez, con aún más intensidad. Era como si intentara grabarse en su piel, como si quisiera asegurarse de que ella no pudiera pensar en nadie más.

Y en ese momento, por mucho que quisiera negarlo, Nalie supo que había perdido.

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