Rodrick Heffley | El diario de Greg

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Bajo las Estanterías════ ⋆★⋆ ════

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Bajo las Estanterías
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Rodrick Heffley no podía creer su suerte. Después de la última travesura que había cometido, su madre decidió que su castigo sería trabajar en la biblioteca local durante todo el verano. Pensó que se iba a morir de aburrimiento entre libros y estanterías, pero cuando llegó allí, se dio cuenta de que había algo más que libros en ese lugar.

La biblioteca no estaba llena de viejos bibliotecarios aburridos como él había imaginado. En realidad, estaba casi vacía, salvo por una chica que, aparentemente, llevaba años trabajando allí. Se llamaba Alex. Rodrick la observó desde la puerta, en silencio, mientras ella organizaba con meticulosidad los libros en un rincón.

Alex no era nada especial a simple vista. Tenía el cabello oscuro, lo llevaba suelto y no parecía ser la persona más destacada del lugar. Sin embargo, la forma en que se movía, tan tranquila y segura de sí misma, hizo que Rodrick no pudiera apartar los ojos de ella. Era... normal, sí, pero tenía una forma de hacer que todo a su alrededor pareciera estar bajo control. Y eso lo molestaba un poco, aunque no sabía por qué.

Cuando Alex se dio cuenta de que Rodrick la estaba observando, levantó la mirada, alzó una ceja y lo miró por un momento con una expresión que claramente decía "¿y tú qué miras?".

—¿Tú eres Rodrick? —preguntó sin mucho interés.

—Sí... —respondió, un poco incómodo, rascándose la cabeza—. ¿Tú eres la que trabaja aquí o qué?

Alex no se molestó en contestar inmediatamente. En lugar de eso, comenzó a caminar hacia las estanterías.

—No sé qué habías escuchado, pero me parece que el trabajo aquí es simple. Solo sigue las reglas y no hagas destrozos.

Rodrick frunció el ceño.

—No vine aquí para seguir reglas —murmuró, mientras ella se alejaba sin decir una palabra más.

El primer día fue... incómodo. Rodrick pasaba el tiempo mirando el reloj, esperando que las horas se fueran rápido. Alex, por otro lado, parecía disfrutar de todo lo que hacía, de organizar, ordenar y clasificar. Rodrick ni siquiera entendía por qué todo eso importaba tanto.

—¿Por qué haces todo tan... ordenado? —preguntó una vez, cuando la vio ordenando cuidadosamente una pila de libros.

Alex levantó la mirada y lo miró por un segundo antes de responder.

—Porque así es como funciona todo. Si no organizas las cosas, se pierden. Y a veces las cosas que se pierden son importantes.

Rodrick se quedó callado, sin saber qué decir. En realidad, lo que ella decía tenía sentido. Pero él no estaba acostumbrado a pensar en las cosas de esa manera. Se inclinó hacia atrás en su silla y dejó escapar un suspiro.

—¿Y qué más? ¿Pasas todo el día aquí?

—No todo el día —respondió ella con una sonrisa ligera, sin dejar de trabajar—. Pero sí, cuando no hay nada más que hacer, prefiero estar aquí.

A lo largo de las siguientes semanas, Rodrick y Alex empezaron a interactuar más. Al principio, rodaban los ojos cada vez que uno le daba órdenes al otro, pero poco a poco algo empezó a cambiar. Rodrick descubrió que no era tan malo ordenar los libros si se hacía de la manera en que Alex lo hacía, sin prisas y con calma. Y Alex, por su parte, empezó a comprender que tal vez Rodrick no era tan malo como parecía, aunque su forma de hacer las cosas siempre estuviera a medio camino de ser un desastre.

Una tarde, mientras ambos estaban organizando libros en la zona de ficción, Rodrick se acercó a Alex y, con una sonrisa juguetona, le dijo:

—¿Sabes? Tal vez deberías enseñarme a ser un poco más... organizado.

Alex lo miró, sorprendida por su actitud. La verdad era que nunca lo había visto tan dispuesto a ayudar.

—¿De verdad quieres aprender? —preguntó, claramente curiosa.

—Sí, quiero saber cómo no hacer que todo sea un desastre. No tengo idea de cómo lo haces, pero... supongo que tiene su gracia.

Alex sonrió, esa sonrisa genuina que solo aparecía cuando realmente encontraba algo interesante.

—Está bien, te enseñaré... pero solo si prometes no arruinar todo el sistema.

Rodrick se rió.

—Te prometo que no lo haré... o al menos intentaré.

Ambos se quedaron en silencio por un momento, organizando los libros, pero esta vez había algo diferente en el aire. Rodrick, que al principio había estado tan tenso en ese lugar, se dio cuenta de que, en su compañía, el tiempo pasaba de manera diferente. Ya no sentía el aburrimiento pesado de antes, ni esa sensación de ser castigado. Alex le había enseñado que había algo más en los libros que solo letras y páginas: había historias, ideas, y hasta una forma de entenderse con alguien más.

Y aunque Rodrick no lo diría en voz alta, en el fondo sabía que el verdadero cambio no había sido en las estanterías, sino en él. Alex había hecho que se diera cuenta de lo que realmente importaba, incluso si era tan simple como organizar un estante de libros.

A medida que el verano avanzaba, ambos comenzaban a compartir más que solo tareas. Sus conversaciones fluían de manera natural, sin la presión de tener que hablar de algo profundo o significativo. Poco a poco, Rodrick empezó a sentirse más cómodo con ella, y Alex, al principio tan reservada, comenzó a disfrutar de las bromas y comentarios de él. La química que entre ellos parecía tan obvia al principio, se había convertido en algo mucho más sencillo, pero no por eso menos importante.

Al final del verano, mientras estaban terminando su último día de trabajo en la biblioteca, Rodrick se detuvo un momento y la miró, sonriendo de una manera diferente a como lo hacía antes.

—Creo que voy a extrañar esto.

Alex lo miró, sorprendida.

—¿De verdad?

—Sí, aunque no te guste admitirlo, me has enseñado a ver las cosas de otra manera. Y, bueno... supongo que está bien organizar un par de libros de vez en cuando.

Alex sonrió, sin esconder la satisfacción de saber que algo tan sencillo como el orden había cambiado a Rodrick de maneras que ni él mismo entendía.

—No está tan mal, ¿verdad?

—No, no está tan mal —respondió él, y por primera vez, su sonrisa fue completamente sincera.

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