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Entre la Espada ════ ⋆★⋆ ════
El sol de la tarde caía suavemente sobre el campo de entrenamiento en Narnia.
Edmund Pevensie, con su espada en la mano, observaba a Donella mientras ella intentaba ejecutar un movimiento básico. El viento jugaba con su cabello, creando un contraste encantador con el dorado resplandor del día.
—Recuerda, Donella, el movimiento debe ser fluido, como si danzaras en lugar de luchar —dijo Edmund, su voz suave pero firme.
Donella, intentando imitar el movimiento, tropezó ligeramente y cayó al suelo con una risa suave. Edmund se acercó de inmediato, extendiendo su mano para ayudarla a levantarse. Sus dedos se rozaron y ambos se miraron con una mezcla de sorpresa y diversión.
—¿Seguro que eres el instructor ideal? —Donella bromeó, aún con una sonrisa en su rostro.
Edmund sonrió, un destello de diversión en sus ojos. —Tienes razón, quizás no soy el mejor, pero me esfuerzo.—
Se levantaron y Edmund ajustó la posición de la espada en las manos de Donella. Durante el próximo intento, sus cuerpos se acercaron más de lo necesario y las chispas volaron no solo por el contacto de las espadas, sino por los pequeños roces accidentales. Cada vez que sus miradas se encontraban, la conexión entre ellos se hacía más evidente.
—Lo estás haciendo bien, —le dijo Edmund, su voz un poco más suave de lo habitual. —Solo necesitas confianza.—
Donella asintió, y a medida que las lecciones continuaban, se dieron cuenta de que sus risas y miradas compartidas se convirtieron en algo más que simples momentos de entrenamiento. Cada toque accidental y cada carcajada compartida creaban una atmósfera cargada de una tensión nueva y emocionante.
—Edmund, —dijo Donella mientras ambos se detuvieron para descansar, —¿alguna vez has sentido que algo más grande te une a alguien?—
Edmund, sorprendido por la pregunta, se giró hacia ella, sus ojos fijos en los suyos. —Sí, —respondió lentamente, —creo que sé a qué te refieres.—
Donella, con el rostro ligeramente sonrojado, bajó la mirada y luego lo miró de nuevo con determinación. —A veces, pienso que estas lecciones son solo una excusa para estar cerca de ti.—
Edmund sintió una oleada de calidez en su pecho. Se acercó un poco más, dejando que el silencio se llenara con el murmullo del viento. —Tal vez, —dijo, —eso es exactamente lo que también pienso yo.—
Antes de que pudiera agregar algo más, Donella se inclinó ligeramente hacia él. La proximidad hizo que sus corazones latieran con una intensidad que no podían ignorar. Edmund, respondiendo a ese impulso, se inclinó también, y sus labios se encontraron en un beso suave pero lleno de emoción. El mundo pareció detenerse por un momento, solo ellos existían, rodeados por la calidez de su conexión.
Cuando finalmente se separaron, ambos sonrieron, sintiendo que lo que había comenzado como una simple lección de esgrima había florecido en algo mucho más profundo. Los dos sabían que, sin importar lo que trajera el futuro, este momento había sellado un vínculo especial entre ellos, uno que ni las más grandes aventuras podrían deshacer.