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Entre las Sombras del Pasado ════ ⋆★⋆ ════
Era una noche oscura en los Outer Banks, y la brisa salada del océano arrastraba con ella el eco de secretos nunca revelados. JJ Maybank estaba sentado en el muelle, mirando las olas que rompían bajo sus pies, cuando una voz detrás de él interrumpió sus pensamientos.
—¿Sigues buscando tesoros que no existen, Maybank? —dijo Talya con un tono desafiante, cruzando los brazos y dándole una mirada fría.
JJ la miró de reojo, reconociendo de inmediato a Talya, la chica nueva que había aparecido en la isla hace unos meses y que, desde entonces, no dejaba de causar problemas a los Pogues. Talya era inteligente, ingeniosa y, sin duda, tenía una facilidad especial para meterse en problemas… especialmente cuando estos involucraban a JJ y sus amigos.
—¿Sigues molestándome en lugares donde no te llaman? —respondió JJ, con un tono de burla y sin molestarse en mirarla directamente.
La relación entre ellos había sido un desastre desde el principio. Talya era independiente y, aunque se había adaptado rápidamente a la vida de Outer Banks, siempre parecía tener un as bajo la manga y una misión oculta. Los Pogues no confiaban en ella, y, sobre todo, JJ sentía que ella traía más problemas de los que podía soportar.
—Tranquilo, solo venía a advertirte —dijo ella, acercándose más de lo que él habría querido—. Hay alguien en esta isla que no te tiene en sus mejores pensamientos. Te convendría dejar de hurgar en asuntos que no entiendes.
JJ levantó una ceja, intrigado. —¿Advertirme? ¿Y desde cuándo eres mi niñera? ¿Qué quieres a cambio, Talya? No me digas que necesitas que haga algo por ti.
Ella puso los ojos en blanco, frustrada por la actitud de JJ, pero decidió explicarse. —Escucha, sé que no confías en mí y no pretendo que lo hagas. Pero he visto lo que pueden hacer aquellos que tienen algo que perder aquí, y créeme, no es bonito. Y si sigues metiéndote en sus asuntos, pueden hacer que tu vida y la de tus amigos sea miserable.
Él la miró, sorprendido por su seriedad. Durante un instante, sintió que tal vez había algo de verdad en lo que decía. Sin embargo, JJ no podía evitar lanzarle otro comentario sarcástico. —Vaya, nunca pensé que alguien tan “imprudente” como tú tuviera algo de sentido común. ¿De qué va todo esto, Talya? ¿A quién has enfurecido esta vez?
Talya apretó los labios, tratando de contener su molestia. —Si prefieres ignorarme y arriesgarte a que te arruinen la vida, adelante. Solo recuerda que te advertí.
Antes de que pudiera alejarse, JJ la detuvo, agarrándola suavemente del brazo. —Espera. Está bien. Habla. Pero esta vez, sin acertijos.
Talya suspiró y miró a JJ con algo más que frialdad en los ojos; había una chispa de preocupación. —Escuché a alguien de los Kooks hablando sobre ti y tus amigos. Dijeron que “los Pogues debían aprender su lugar”. Y esa gente no habla en vano.
Al ver la preocupación sincera en sus ojos, JJ sintió que su desconfianza comenzaba a tambalearse. Sabía que Talya no tenía razones para advertirles, a menos que realmente creyera que estaban en peligro.
—Lo que propongo es que dejemos de lado esta estúpida rivalidad por una vez y trabajemos juntos. Quizá no nos soportamos, pero conozco a gente que puede darnos respuestas… gente que tú ni sabes que existe —dijo ella, con una determinación que sorprendió a JJ.
Esa noche, decidieron unir fuerzas y se embarcaron en una investigación nocturna por la isla. Talya demostró ser una aliada inusual pero eficaz. Sabía moverse en la oscuridad y, para sorpresa de JJ, tenía contactos y conocimiento sobre rincones ocultos de Outer Banks que él desconocía.
A medida que la noche avanzaba, JJ comenzó a ver una faceta diferente de Talya. Detrás de su exterior frío y desconfiado, había alguien que se preocupaba por la gente, aunque no lo demostrara de forma evidente. Esa vulnerabilidad escondida bajo capas de desconfianza lo hizo verla con otros ojos.
Cuando llegaron a un almacén en la costa, encontraron a un grupo de Kooks reunidos. Entre ellos estaba alguien que JJ reconoció como uno de los socios de Ward Cameron. La conversación que escucharon confirmaba las peores sospechas de Talya: planeaban tenderle una trampa a los Pogues para culparlos de un delito que los metería en problemas graves.
—Tenemos que salir de aquí —susurró JJ, pero en ese momento, el crujido de una tabla traicionera alertó a los Kooks, que comenzaron a perseguirlos.
Corrieron juntos a través de la playa, buscando refugio en una cabaña abandonada. Cuando finalmente se sintieron a salvo, ambos respiraban con dificultad, y el silencio entre ellos era pesado.
—Gracias, Talya… por todo esto —dijo JJ finalmente, rompiendo la tensión entre ellos—. No pensé que… Bueno, pensé que en el fondo eras como ellos, pero me equivoqué.
Talya lo miró, sorprendida por sus palabras. No estaba acostumbrada a que alguien la mirara con esa sinceridad. —Yo tampoco creía que fueras más que un problema ambulante, JJ. Pero… me equivoqué contigo también.
Ambos se miraron en la penumbra de la cabaña, y por un momento, se sintieron atrapados en una burbuja que era solo de ellos. JJ dio un paso hacia ella, y Talya no se apartó. La tensión, que siempre había sido de rivalidad y desconfianza, se transformó en algo más, algo que ninguno de los dos podía explicar, pero que ambos sentían con una intensidad inesperada.
—Eres más de lo que aparentas —murmuró JJ, acercándose aún más.
Talya sonrió, y antes de que pudiera responder, JJ la besó. Fue un beso lleno de toda la intensidad de sus enfrentamientos pasados y de la nueva conexión que acababan de descubrir. No necesitaban palabras para saber que, en esa noche de peligro y secretos, algo había cambiado para siempre entre ellos.
Cuando finalmente se separaron, Talya sonrió con una mezcla de desafío y ternura. —Esto no significa que te soporte, ¿sabes?
JJ sonrió, sin soltar su mano. —Lo sé. Y está bien, porque todavía tengo que enseñarte a no meterte con los Pogues.