Mike Schmidt | Five night's at Freddie's

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A la luz de la bondad════ ⋆★⋆ ════

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A la luz de la bondad
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Mike Schmidt nunca había sido el tipo de persona que pidiera ayuda. Desde que era adolescente, había aprendido a cargar con sus problemas en silencio, alejándose de todo y de todos. Sin embargo, los años no habían sido amables con él. Las noches de insomnio, las preocupaciones por Abby, y su nuevo y extraño trabajo como guardia nocturno habían convertido su vida en un cúmulo de estrés y soledad.

Por eso, cuando Anna apareció de repente en su puerta, no supo qué decir.

—Hola, Mike. —La voz de Anna era suave, casi como si dudara de su decisión de estar ahí—. Supe que... estás pasando por un mal momento.

Mike parpadeó, sorprendido. Hacía años que no la veía. Habían sido amigos en la adolescencia, y aunque la vida los había llevado por caminos separados, siempre había guardado buenos recuerdos de ella. Anna, la chica amable que nunca dudaba en ayudar a los demás, estaba de pie frente a él, con una mirada que mezclaba preocupación y determinación.

—¿Cómo supiste...? —empezó a decir, pero ella lo interrumpió.

—Eso no importa. Lo que importa es que estoy aquí, y quiero ayudarte.

Al principio, Mike no supo cómo reaccionar. Estaba acostumbrado a enfrentarse solo a sus problemas, pero Anna no aceptó un "no" como respuesta. En cuestión de días, se convirtió en una presencia constante en su vida. Se encargaba de cuidar a Abby mientras él trabajaba, asegurándose de que la pequeña estuviera bien alimentada y feliz. Preparaba comida para Mike, incluso cuando sabía que él probablemente estaría demasiado cansado para comerla.

—No tienes que hacer esto, Anna —le dijo una noche, mientras ella guardaba los platos que había traído.

Anna se volvió hacia él, con una leve sonrisa en los labios.

—Lo sé. Pero quiero hacerlo.

Mike no pudo evitar mirarla por un momento, su pecho apretado por una mezcla de gratitud y algo más. Había olvidado lo bondadosa que era, lo fácil que parecía para ella preocuparse por los demás.

Con el tiempo, comenzaron a pasar más tiempo juntos. En las noches en que Mike no trabajaba, se sentaban en el sofá, hablando en voz baja mientras Abby dormía en su habitación. Anna compartía historias de su vida, pequeñas anécdotas que hacían reír a Mike, algo que no había hecho en mucho tiempo.

—Siempre fuiste bueno escuchando, Mike —dijo Anna una noche, mirándolo con calidez.

—Y tú siempre fuiste buena hablando —respondió él, su tono más ligero de lo habitual.

Era en esos momentos, en la calma de la noche, cuando Mike empezaba a sentir que algo en él cambiaba. Anna no solo lo ayudaba con las responsabilidades de su vida; también le devolvía algo que pensaba haber perdido para siempre: la esperanza.

Una noche, después de regresar del trabajo, encontró a Anna dormida en el sofá. Había esperado para asegurarse de que todo estaba en orden antes de irse, pero el cansancio la había vencido. Mike se acercó, cubriéndola con una manta y observándola por un momento.

"¿Qué hice para merecer a alguien como tú?", pensó.

Al día siguiente, mientras desayunaban juntos, Mike finalmente dejó salir las palabras que llevaba semanas guardando.

—Anna, no sé cómo agradecerte todo lo que has hecho por mí y por Abby. No tienes idea de cuánto significas para nosotros.

Anna levantó la mirada, sorprendida por la sinceridad en su voz.

—No tienes que agradecerme, Mike. Lo hago porque me importas. Siempre me has importado.

La intensidad del momento los envolvió. Mike, impulsado por un sentimiento que no podía ignorar más, se acercó lentamente a ella. Sus ojos buscaron los de Anna, como pidiendo permiso, y cuando ella no se apartó, dejó que sus labios rozaran los suyos en un beso suave, pero lleno de emoción.

El beso se profundizó, y Mike llevó una mano a la mejilla de Anna, acariciándola con ternura mientras su otra mano se apoyaba en su cintura. Anna respondió con igual intensidad, sus dedos enredándose en el cabello de Mike mientras sus cuerpos se acercaban aún más.

Cuando se separaron, ambos estaban respirando con dificultad, sus ojos llenos de emociones no dichas.

—Mike... —susurró Anna, pero él la interrumpió.

—Anna, no sé qué hice para merecerte, pero... no quiero perderte. No después de todo esto.

Ella sonrió, con lágrimas de felicidad en los ojos, y lo abrazó con fuerza.

—Nunca voy a irme, Mike. No mientras me necesites.

A partir de ese momento, su relación cambió. Aunque todavía enfrentaban desafíos, especialmente con el extraño trabajo de Mike y su pasado complicado, sabían que podían enfrentarlos juntos. Anna no solo era una amiga; era el pilar que Mike necesitaba para reconstruir su vida, y él estaba decidido a demostrarle cuánto significaba para él.

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