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La Propuesta ════ ⋆★⋆ ════
Alma siempre había sido una persona inquieta, alguien que no podía quedarse quieta ni un segundo. La vida en el Claro, llena de reglas estrictas y rutina, a veces le parecía una prisión. Aunque todos parecían estar acostumbrados a la forma en que el lugar funcionaba, ella sentía que había algo más que podría hacer, algo que podría cambiar las cosas.
Un día, mientras caminaba por el Claro, se detuvo al ver a Newt. Él estaba luchando por mantenerse erguido mientras caminaba, la pierna cojeando visiblemente, el dolor evidente en su rostro. Alma, que siempre había notado cada pequeño detalle, observó cómo su amigo se esforzaba en cada paso, cómo el esfuerzo parecía agotarlo más que cualquier otra cosa.
"¿Por qué no me lo dijo antes?", pensó Alma, sintiendo un nudo en el estómago al ver lo difícil que le resultaba moverse. Aunque era obvio que Newt nunca había hablado abiertamente de su dolor, Alma sabía que debía hacer algo. Si él no lo decía, ella tomaría la iniciativa.
Esa misma noche, se acercó a los constructores, un grupo de chicos que siempre se mantenían ocupados con proyectos de reparación. Gally, el líder de los constructores, la miró con desdén cuando le pidió ayuda, levantando una ceja.
— ¿Qué quieres ahora, Alma? —gruñó Gally, ya cansado de la hiperactividad de la chica—. — ¡Ayudar! —respondió ella con entusiasmo, sin preocuparse por el tono de Gally—. Quiero crear algo para Newt, algo que le ayude a caminar mejor. Algo que pueda soportar su peso sin que le duela tanto.
Gally la miró con incredulidad y un poco de molestia.
— ¿Y tú qué sabes de esto? Eres más insoportable que útil, Alma. No tengo tiempo para... —Gally ni siquiera terminó la frase, pero Alma ya no lo escuchaba. Se giró rápidamente y salió corriendo hacia los médicos.
En su camino, encontró a Thomas, quien la miró extrañado cuando ella le pidió ayuda con su "idea absurda". Pero incluso él, que normalmente no confiaba mucho en las iniciativas de Alma, se mostró dispuesto a ayudarla, sabiendo lo determinado que podía ser a veces. Los médicos y el grupo de ingenieros, finalmente, también se unieron al proyecto, aunque al principio no estaban convencidos de que la joven y su propuesta tuvieran algún sentido.
Durante semanas, Alma recorrió el Claro, de un lado a otro, buscando materiales, hablando con todos, organizando sus ideas y, sin que nadie se lo pidiera, trabajando incansablemente hasta que finalmente la prótesis que había ideado estaba lista. Aunque no era perfecta, tenía la capacidad de ayudar a Newt a caminar sin tanto dolor, y de manera más estable.
Una tarde, Alma se acercó a Newt, con la prótesis en la mano.
— Tengo algo para ti —dijo con una sonrisa.
Newt la miró, sorprendido por el gesto.
— ¿Qué es esto?
Alma explicó rápidamente lo que había hecho, como había reunido a todos, cómo había trabajado sin descanso para lograrlo. Newt la observó en silencio, sin saber qué decir. Cuando terminó, la miró fijamente, sus ojos llenos de asombro y algo más.
— ¿Lo hiciste tú? —preguntó, incapaz de ocultar su admiración.
— Claro —respondió ella, más nerviosa de lo que quería admitir.
Newt se sentó, y Alma le ayudó a colocar la prótesis. La diferencia era evidente de inmediato; su pierna no se tambaleaba tanto, y él podía caminar con mucho más equilibrio y sin tanto dolor.
— Alma, no sé cómo agradecerte. Esto... esto es increíble. —Su voz tembló ligeramente, y por un momento, Alma pensó que estaba a punto de llorar.
Él levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de ella. Alma, que había estado esperando ansiosamente una reacción de su parte, no pudo evitar sentirse invadida por la calidez de su mirada. Newt no estaba solo agradecido, también había algo en su expresión que la hacía sentir como si ella fuera el centro de su mundo en ese momento.
Antes de que Alma pudiera reaccionar, Newt la tomó suavemente de la mano y la atrajo hacia él, besándola con dulzura y admiración. Alma respondió de inmediato, sintiendo la calidez de su cuerpo, el latido acelerado de su corazón. Sus manos, como si todo el esfuerzo de semanas se hubiera acumulado en ese instante, se deslizaron suavemente por su cuerpo mientras el beso se profundizaba.
La conexión entre ambos era palpable, y aunque sabían que todo había cambiado, no había necesidad de palabras. Todo lo que necesitaban era el otro, y sabían que, en ese instante, su vínculo era más fuerte que cualquier obstáculo que pudieran enfrentar.
Newt la acarició con ternura, su boca moviéndose suavemente con la de ella mientras las manos de Alma recorrían su pecho, disfrutando de la cercanía y de lo que ese beso representaba. El mundo alrededor de ellos parecía desvanecerse, dejando solo la promesa de lo que su vínculo significaba: una alianza inquebrantable.
Al final, se separaron lentamente, respirando entrecortados, y Newt la miró con una sonrisa genuina, sus dedos rozando su mejilla.
— Te debo mucho más que un simple gracias, Alma.
Ella sonrió de vuelta, sabiendo que ya tenía todo lo que necesitaba. Y, por fin, no solo había cambiado algo para él, sino que también había cambiado algo dentro de ella. Un cambio que solo el amor podría explicar.