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Entre versos ════ ⋆★⋆ ════
Rhea ajustó su capucha mientras caminaba sigilosamente por los terrenos de Welton Academy, la prestigiosa y estricta escuela para chicos que, según rumores, era más cárcel que instituto. Se preguntó cuántas reglas estaba rompiendo en ese momento: no estaba permitido estar fuera de su propia escuela a estas horas, mucho menos colarse en una institución rival. Pero, como siempre, Charlie Dalton la había llevado al límite.
Había sido otra de sus competiciones literarias interescuelas esa misma tarde, y aunque la victoria había sido para la escuela de Rhea, Charlie no se había tomado la derrota con elegancia. No, él había esperado al final para recitar un poema improvisado sobre “lo aburrido” que era su estilo y “lo trágico” de sus metáforas, todo con una sonrisa descarada que había hecho reír a la audiencia… y enfurecer a Rhea.
—Ese idiota no sabe con quién se está metiendo —murmuró para sí misma, con una sonrisa maliciosa mientras se escabullía por los pasillos oscuros.
Había planeado esta broma con cuidado: entrar, colgar un enorme cartel con una de las frases más absurdas que Charlie había dicho durante la competición (“El arte no debería doler, excepto cuando lo hace”) y salir antes de que alguien pudiera atraparla. Sin embargo, mientras avanzaba por los pasillos de piedra, buscando la habitación de Charlie, no pudo evitar sentirse un poco nerviosa. No tanto por el peligro de ser descubierta, sino porque, a pesar de todo, le costaba admitir lo mucho que disfrutaba de estos enfrentamientos con él.
Rhea finalmente llegó a la puerta que llevaba a las habitaciones de los chicos. Había revisado los planos del edificio en la biblioteca de su escuela, pero ahora, frente a la realidad, todo parecía más intimidante. Decidida, abrió la puerta lentamente y comenzó a caminar.
—¿Buscando algo, Rhea?
El susto casi la hizo gritar. Una voz familiar resonó desde la penumbra del pasillo, y al girarse, se encontró con Charlie Dalton, sentado en una de las escaleras, su sonrisa burlona iluminada por la tenue luz de una lámpara.
—¿Cómo sabías que estaba aquí? —exigió Rhea, tratando de recuperar la compostura.
Charlie se levantó con la elegancia despreocupada que siempre lo caracterizaba, su cabello despeinado y su camisa medio desabrochada.
—¿Por quién me tomas? Sabía que no ibas a dejarme tranquilo después de hoy. Además, dejaste demasiados indicios. Por ejemplo, mencionaste que mi frase era “memorable”. —Sonrió con suficiencia.
Rhea frunció el ceño, furiosa consigo misma por haber sido tan obvia.
—Bueno, ya me atrapaste. Felicidades, Dalton. Ahora, si me disculpas, me voy.
Intentó marcharse, pero Charlie dio un paso rápido, bloqueando su camino.
—Oh, no, no tan rápido. Ya que has venido hasta aquí, ¿por qué no me cuentas qué ibas a hacer? —La miró con diversión, pero sus ojos tenían un brillo que la puso nerviosa.
—No iba a hacer nada —mintió.
—¿Nada? —repitió Charlie, inclinándose un poco hacia ella. Estaba tan cerca que Rhea pudo oler el ligero aroma a tabaco en su ropa.
—Exacto. Nada.
Charlie la observó por un segundo más, su sonrisa transformándose en algo más suave, casi… curioso.
—Sabes, nunca he entendido por qué te molestas tanto conmigo.
—Porque eres insoportable —respondió Rhea de inmediato, aunque su voz sonó menos firme de lo que esperaba.
—¿Seguro que es eso? ¿O es que disfrutas tanto como yo estos pequeños… enfrentamientos?
La pregunta la tomó por sorpresa, pero no tanto como el hecho de que Charlie había acortado aún más la distancia entre ellos. Ahora estaba lo suficientemente cerca como para que Rhea pudiera ver los detalles de su rostro: la ligera curva de su sonrisa, la forma en que sus ojos se entrecerraban ligeramente cuando hablaba con ese tono provocador.
—No sé de qué estás hablando —dijo Rhea, aunque su voz ya no tenía convicción.
Charlie sonrió de lado, como si supiera exactamente lo que estaba pensando.
—Claro que no. Pero entonces, ¿por qué viniste aquí esta noche? ¿De verdad solo para colgar un cartel ridículo?
El corazón de Rhea comenzó a latir más rápido.
—¿Y tú? ¿Por qué estás aquí? ¿Me esperabas? —replicó, intentando recuperar el control de la conversación.
Charlie la miró fijamente, y por un momento, toda la burla desapareció de su rostro.
—Tal vez.
El silencio que siguió fue tan intenso que Rhea sintió que todo el mundo se había detenido. Antes de que pudiera pensar en una respuesta, Charlie se inclinó hacia ella, su rostro a solo unos centímetros del suyo.
—¿Sabes? —dijo en un susurro—, siempre supe que un día algo iba a salir mal en una de nuestras bromas. Pero nunca pensé que el problema sería que no podría dejar de mirarte.
El mundo pareció girar bajo los pies de Rhea. Su rivalidad, sus bromas, incluso la broma que había planeado, todo se desvaneció en ese momento.
—Eres un idiota —murmuró, sin poder evitar sonreír.
—Y tú una intrusa —respondió Charlie, antes de cerrar la distancia entre ellos y besarla.
Fue un beso inesperado, lleno de la misma intensidad y energía que siempre había definido su relación, pero esta vez sin palabras, sin bromas, solo una conexión que ambos habían negado por demasiado tiempo.
Cuando finalmente se separaron, Rhea lo miró con una mezcla de asombro y desafío.
—Esto no significa que me gustes, ¿sabes?
Charlie soltó una carcajada.
—Claro que no, Rhea. Solo significa que estoy ganando.
Y por primera vez, Rhea no tuvo una respuesta inmediata.