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Marea Alta ════ ⋆★⋆ ════
Las olas rompían suavemente contra la orilla de la playa, el sonido arrastrando con él la calma que Joy había estado buscando todo el día. Sentada en la arena, con las rodillas abrazadas contra su pecho, miraba el horizonte sin prestar atención a nada en particular. La vida en los Outer Banks no era fácil; era un constante tira y afloja entre la libertad y el caos, y últimamente el caos parecía ganar.
—Hey, Joy —la voz de JJ Baynard interrumpió sus pensamientos.
Joy giró la cabeza y lo vio acercarse con esa sonrisa despreocupada que parecía ser su marca personal. JJ siempre tenía la habilidad de aparecer cuando menos lo esperabas, como si estuviera programado para irrumpir en los momentos de soledad. La brisa revolvía su cabello rubio mientras él se dejaba caer a su lado en la arena, apoyando los codos detrás de sí con una soltura que a ella siempre le parecía envidiable.
—¿Qué haces aquí sola? —preguntó JJ, mirando el mar con la misma expresión de alguien que parecía desafiarlo todo.
—Pensando —respondió Joy, encogiéndose de hombros.
—Uh-oh, eso nunca es bueno. —La sonrisa burlona de JJ la hizo soltar un resoplido de risa, aunque no quería dárselo tan fácil.
—¿Y tú? ¿Por qué no estás con Pope o Kie metiéndote en problemas?
JJ se encogió de hombros, pero su sonrisa se suavizó.
—Tal vez me cansé de los problemas… por un rato. O tal vez te vi aquí sola y me dije: “Joy necesita compañía”.
—No lo necesito —respondió ella rápidamente, pero el calor subiendo a sus mejillas la traicionó.
—Claro que no —dijo él, fingiendo estar completamente de acuerdo—. Pero eso no significa que no la quieras.
Joy lo miró de reojo, ese brillo travieso en los ojos de JJ haciéndola tambalear por dentro. Había algo en él, algo que la desesperaba y la atraía al mismo tiempo. JJ era todo lo que ella no era: temerario, impulsivo, alguien que se lanzaba de cabeza al mundo sin preocuparse por las consecuencias.
—¿Sabes? —dijo él después de un largo silencio—. A veces me pregunto por qué pasas tanto tiempo aquí sola. Es como si quisieras esconderte del mundo.
—Tal vez el mundo es demasiado ruidoso —respondió Joy, bajando la voz.
JJ giró la cabeza para mirarla, y por primera vez en la noche, Joy notó que él no estaba sonriendo. Su expresión era más seria, más honesta.
—El mundo siempre va a ser ruidoso, Joy. Tienes dos opciones: o te quedas aquí viendo cómo pasa, o te levantas y le gritas de vuelta.
—¿Y tú? —lo desafió ella—. ¿Tú le gritas al mundo?
—Todo el tiempo —respondió JJ sin dudar—. Pero a veces… —Su voz bajó apenas un susurro— …a veces me gustaría tener a alguien gritándolo conmigo.
El corazón de Joy dio un vuelco. Esa era la parte de JJ que pocos veían. Bajo toda la arrogancia, el sarcasmo y la sonrisa engreída, había un chico que sólo quería pertenecer, alguien que luchaba por algo más grande que él mismo.
—No soy buena gritando —murmuró ella, mirando nuevamente el mar.
JJ extendió su brazo y le dio un ligero empujón en el hombro.
—Por eso estoy aquí. Te enseñaré.
Joy negó con la cabeza, una risa escapando de sus labios.
—Eres imposible, JJ.
—Lo sé. Pero por eso te caigo bien.
Antes de que pudiera responderle, JJ se levantó de un salto y extendió su mano hacia ella.
—Ven. Vamos a hacer algo divertido.
—¿Como qué?
—No lo sé, ¡ya lo descubriré! —respondió con una sonrisa desafiante—. Confía en mí.
Joy lo miró durante un segundo más, debatiéndose entre lo seguro y lo desconocido. Pero algo en la forma en que JJ la miraba, con esos ojos azules llenos de promesas y de vida, la hizo ceder.
Tomó su mano y él la levantó de un tirón, tan rápido que casi perdió el equilibrio. Pero JJ no la soltó. La sostuvo firme, como si estuviera asegurándose de que no volvería a esconderse en la arena nunca más.
—Vamos, Joy. El mundo no va a esperarnos.
Y por primera vez en mucho tiempo, Joy dejó que alguien la sacara de la orilla. Porque si alguien podía enseñarle a gritarle al mundo, ese era JJ Baynard.