Todd Anderson | El club de los poetas muertos

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Aprovecha el Invierno════ ⋆★⋆ ════

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Aprovecha el Invierno
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El viento gélido azotaba las calles de la ciudad mientras Cassia avanzaba por la vereda, su bufanda roja ondeando a su alrededor y sus dedos casi congelados por el frío. La nieve cubría cada rincón de la ciudad, pero su determinación era más fuerte que la tormenta. Necesitaba vender todos los boletos de lotería que había recogido para recaudar dinero para los niños huérfanos. No podía fallar.

Al llegar a una casa en particular, la que pertenecía a una familia conocida en el vecindario, Cassia dudó por un momento. Aquel lugar era grande y elegante, pero no había vuelta atrás. Llamó al timbre, esperando que alguien contestara.

Dentro de la casa, Todd Anderson estaba sentado junto a la chimenea, leyendo distraídamente, cuando el sonido del timbre lo sacó de su concentración. Sus padres habían salido de viaje, por lo que la casa estaba en completo silencio.

Cuando abrió la puerta, el viento helado se coló en el recibidor, y fue entonces cuando vio a Cassia, temblando un poco bajo la intensa tormenta.

—Hola… perdón por la molestia —dijo Cassia, un poco avergonzada, mientras se apretaba la bufanda contra el cuello—. Estoy vendiendo lotería para recaudar fondos para los niños huérfanos.

Todd, completamente sorprendido por la presencia de una chica tan hermosa en su puerta en medio de la tormenta, se quedó mirándola por un momento. Un montón de pensamientos pasaron por su cabeza, pero lo único que salió de su boca fue:

—¡Pasa, por favor! Debes estar… congelada.—

Cassia, sonriendo agradecida, entró rápidamente y se quitó el abrigo empapado, respirando aliviada por el calor que se sentía dentro de la casa.

—Gracias. Realmente no pensaba que la tormenta sería tan fuerte.—

Todd la condujo al salón y, aunque estaba bastante nervioso, se sintió algo más cómodo al saber que Cassia tenía una causa noble detrás de su venta de lotería. Mientras preparaba un poco de chocolate caliente, Cassia le explicaba cómo todo el dinero que recaudaba iría destinado a una buena causa. A Todd le impresionó su pasión por ayudar a los demás, y no pudo evitar sentirse un poco inspirado por ella.

—Sabes… yo también podría ayudarte a vender. No soy muy bueno en esto de hablar con la gente, pero… podría intentarlo —dijo Todd, de forma torpe, frotándose la nuca.

Cassia lo miró sorprendida, pero la idea de tener compañía en su misión le pareció genial.

—¿Seguro? Debes saber convencer a tus clientes— Respondió guiñando un ojo.

Todd se ruborizó.

—Bueno… estoy intentando hacer cosas fuera de mi zona de confort. Intentando… ya sabes, vivir el momento.—

"Carpe diem", pensó él, repitiendo las palabras del Sr. Keating en su mente. En ese instante, pareció encontrar un poco de valor para ser más abierto.

Al final, después de un par de horas de recorrer las calles vendiendo boletos, se encontraron con Neil, Knox, Charlie y Cameron.

—¡Todd! —gritó Neil, levantando la mano mientras caminaba hacia él con Knox y Charlie—. ¿Qué haces aquí?—

Todd se puso nervioso. No había previsto encontrarse con sus amigos. Su cara se puso roja al ver que ellos notaban que estaba con Cassia.

—Eh… estoy… vendiendo lotería —respondió, rascándose la cabeza.

Charlie, como siempre, no pudo resistir la oportunidad de hacer una broma.

—¿Vendiendo lotería, eh? Claro… ¿o estás vendiendo algo más, Todd? —dijo, levantando una ceja mientras le lanzaba una mirada cómplice a Knox.

Todd tragó saliva, sintiendo que el rubor aumentaba en su rostro.

—No… no es lo que piensas —respondió, mirando a Cassia por un segundo antes de aclararse la garganta—. Solo estamos… recaudando dinero.

Neil se acercó, sonriendo ampliamente.

—Oh, vamos, Todd. Está claro que no solo estás vendiendo boletos. ¿Acaso no te has dado cuenta de lo bonita que es Cassia? —preguntó, guiñándole un ojo.

Todd miró a Cassia, sin saber qué decir. Ella sonrió, divertida por la tartamudezde Todd.

—Bueno, no me molesta que me digas eso… —comentó Cassia, encogiéndose de hombros con una sonrisa juguetona.

Todd sintió que el calor se apoderaba de su cuerpo, y sus amigos no dejaban de hacer comentarios sobre ellos dos. Charlie y Knox, en particular, no paraban de hacer chistes sobre cómo Todd estaba “tan enamorado” que ni siquiera podía hablar.

De repente, Todd, sintiéndose atrapado entre la broma y la presión de la situación, intentó salir de la tormenta verbal, pero en su lugar soltó las palabras sin pensar.

—¡Está bien! ¡Sí, me gusta Cassia! ¡Me gusta mucho y no sé cómo decirlo! ¡Y no me importa que lo sepan! —exclamó, demasiado rápido.

Un silencio incómodo se hizo en el aire. Cassia se quedó mirando a Todd, sorprendida por su declaración repentina, y luego, sin poder evitarlo, una sonrisa se extendió por su rostro.

—Todd… —susurró Cassia, su risa suave llenando el aire frío.

Charlie no pudo evitar estallar en risas, haciendo que Todd se sintiera aún más avergonzado. Sin embargo, algo en la forma en que Cassia lo miró lo hizo sentir que, tal vez, no había sido tan malo.

—¡Vaya, Todd! —rió Charlie—. ¡Finalmente, lo admitiste!

Todd se puso aún más rojo, y casi deseó que la nieve lo tragara de vergüenza. Pero luego, Cassia le dio un pequeño empujón y le sonrió dulcemente.

—No te preocupes, Todd. Yo también me alegro de estar aquí contigo.—

Con esas palabras, Todd sintió que el mundo se desmoronaba un poco menos sobre él. Tal vez no era tan malo ser torpe o no saber qué decir. A veces, un "carpe diem" bien dicho podía llevarte a algo mucho mejor.

Y, mientras la nieve caía a su alrededor, Todd se dio cuenta de que, tal vez, aquel invierno estaba lleno de más sorpresas de las que había imaginado.

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