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El filo de la Tensión ════ ⋆★⋆ ════
La primera vez que Angelina cruzó miradas con Peter Pevensie, lo único que sintió fue irritación. Había oído hablar del gran "Rey Peter el Magnífico", líder de los cuatro monarcas de Narnia, y esperaba encontrar a un estratega sabio y digno. En su lugar, se topó con un joven testarudo que parecía creer que el mundo giraba a su alrededor.
Para Peter, Angelina no era más que una molestia desde el principio. Su llegada al campamento de Cair Paravel, como representante de uno de los reinos aliados del norte, había causado un revuelo inmediato. Era hábil con la espada, pero aún más con sus palabras, siempre cuestionando sus órdenes, siempre buscando otra forma de hacer las cosas.
—No puedes simplemente ignorar el flanco sur porque crees que no es importante —le dijo ella durante su primera reunión estratégica.
—Y tú no puedes esperar liderar una guerra sin entender el panorama completo —respondió Peter con frialdad, sin apartar los ojos de los mapas.
Así había sido desde entonces: un constante tira y afloja que parecía enloquecer a todos a su alrededor. Susan suspiraba cada vez que ambos comenzaban a discutir, mientras Edmund y Lucy compartían miradas de resignación.
—Algún día uno de ustedes dos va a explotar —dijo Edmund con tono burlón después de presenciar otra de sus acaloradas disputas.
—Lo único que explotaré será su ego —gruñó Angelina, antes de alejarse del grupo.
Sin embargo, la rivalidad no era lo único que definía su relación. A pesar de sus constantes choques, Angelina y Peter formaban un equipo formidable en el campo de batalla. Ambos eran rápidos, inteligentes y estaban dispuestos a arriesgarlo todo por los suyos. Fue en una de esas batallas, mientras defendían un pequeño pueblo de un ataque sorpresa, cuando algo cambió entre ellos.
Angelina había quedado acorralada por dos soldados enemigos. Aunque logró derribar a uno, el otro estaba a punto de alcanzarla cuando Peter apareció, bloqueando el golpe con su escudo y derrotándolo con un movimiento rápido.
—¿Te encuentras bien? —preguntó, su voz cargada de preocupación.
Angelina, aún sin aliento, asintió lentamente.
—Gracias... —murmuró, sorprendida por la sinceridad en sus propios labios.
Fue la primera vez que Peter la vio sin esa barrera de hostilidad que siempre llevaba consigo, y algo dentro de él se estremeció.
Después de ese día, las discusiones entre ellos no desaparecieron, pero comenzaron a tomar un tono diferente. A menudo, los comentarios mordaces iban acompañados de miradas furtivas y una tensión que ninguno de los dos podía ignorar.
Unos días después, durante una tranquila noche en el campamento, Angelina estaba practicando con su espada cuando Peter apareció.
—¿Nunca descansas? —preguntó, acercándose con una ligera sonrisa.
—¿Nunca dejas de molestar? —respondió ella, pero su tono carecía del filo habitual.
Peter se detuvo junto a ella, observándola con detenimiento.
—Eres impresionante con la espada. No lo digo a menudo, pero... estoy agradecido de tenerte aquí.
Angelina se quedó inmóvil, sorprendida por sus palabras. Cuando lo miró, vio algo en sus ojos que la desarmó por completo: honestidad.
—Y yo... bueno, supongo que no eres tan terrible como pensaba —dijo, con una sonrisa pequeña pero genuina.
Esa noche, algo cambió. Aunque ninguno de los dos lo dijo en voz alta, sabían que el muro entre ellos comenzaba a desmoronarse.
Sin embargo, no todo iba a ser fácil. Unos días después, en medio de una emboscada enemiga, Angelina desobedeció una de las órdenes de Peter, poniendo en peligro al grupo para salvar a un pequeño pueblo. Aunque su decisión resultó en una victoria, también provocó un enfrentamiento intenso entre ellos.
—¡No puedes seguir actuando como si las reglas no se aplicaran a ti! —exclamó Peter, furioso.
—¡Y tú no puedes pretender que todos sigamos ciegamente tus órdenes! —respondió Angelina, con igual intensidad.
El choque entre ellos era inevitable, pero esta vez, en lugar de alejarse, la cercanía los atrapó. Las palabras se desvanecieron en el aire mientras ambos se miraban, sus respiraciones entrecortadas.
Fue Peter quien rompió el silencio. Sin pensar, la tomó por la cintura y la atrajo hacia él. Angelina lo miró con los ojos muy abiertos, pero no se apartó. Cuando sus labios se encontraron, fue como si toda la tensión que habían acumulado durante semanas se desbordara.
El beso era intenso, una mezcla de furia y pasión, pero también de algo más profundo que ninguno de los dos quería admitir todavía. Cuando finalmente se separaron, ambos estaban sin aliento, sus miradas llenas de emociones encontradas.
—Esto no significa que te deje ganar —dijo Angelina, con una sonrisa desafiante.
Peter dejó escapar una risa suave, pasando una mano por su cabello.
—Tampoco significa que tú tengas razón.
Angelina rió, y por primera vez, no hubo hostilidad en su voz.
A partir de ese momento, su relación cambió. Aunque seguían discutiendo, ahora había una conexión más fuerte entre ellos, algo que ninguno de los dos podía ignorar. Y aunque el camino no sería fácil, ambos sabían que estaban dispuestos a enfrentarlo juntos.