Neville Longbottom | Harry Potter

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Dejando de lado el Terror════ ⋆★⋆ ════

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Dejando de lado el Terror
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Alice nunca olvidaría el día en que la llamaron "Bragas Sucias". Era un apodo que nunca había deseado, y mucho menos imaginado. Todo ocurrió en una clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, un día como cualquier otro, hasta que un infortunio la golpeó sin previo aviso. Durante la clase, sintió la incomodidad que la había estado acompañando durante horas, y cuando miró rápidamente hacia abajo, la pesadilla se hizo realidad. Su pantalón estaba manchado, algo que, en la quietud de esa sala llena de estudiantes, no pasaría desapercibido.

Alice se sonrojó hasta las raíces de su cabello. Al instante, los murmullos comenzaron, las risas de algunos estudiantes se hicieron más notorias, y ella sentía que el suelo podría tragarla. Intentó levantarse, pero la profesora Umbridge, con su inconfundible tono dulce pero cruel, no le permitió salir del aula. —Alice, no te vayas. No hay necesidad de hacer un escándalo por un pequeño accidente— dijo con una sonrisa que nunca llegó a llegar a sus ojos.

La humillación fue absoluta. Todos los ojos estaban sobre ella, y la profesora, sin la más mínima empatía, la obligó a quedarse allí. El resto de la clase continuó, pero para Alice, el mundo entero se desmoronó en ese instante. Desde ese día, el apodo "Bragas Sucias" se pegó a su nombre como una sombra. Nadie la llamaba por su nombre, solo por ese cruel mote. Era como si ya no importara quién era realmente. Solo existía como la chica que había manchado sus pantalones en clase.

El tiempo pasó, y Alice intentó seguir adelante. Pero, cada vez que pasaba por los pasillos, cada vez que se cruzaba con algún compañero, la burla estaba ahí, acechando. Poco a poco, ella comenzó a desaparecer. En lugar de ir a clases, comenzó a evitar salir de su habitación durante una semana al mes. Cuando sentía que su menstruación estaba cerca, se refugiaba en su cama, temerosa de que lo mismo ocurriera de nuevo. No podía soportar la idea de pasar por aquella humillación una vez más.

Neville Longbottom, aunque nunca había sido cercano a Alice, comenzó a notar los cambios. No era el tipo de persona que se metía en los problemas de los demás, pero algo en su interior le decía que había más en ella de lo que los demás veían. Sabía que Alice, al igual que él, tenía sus propias batallas, pero él nunca había presenciado el dolor que reflejaba su rostro.

Cada vez que coincidía con ella en los pasillos, Neville veía la incomodidad en sus ojos, el modo en que evitaba las conversaciones sobre menstruación, cómo su cuerpo se tensaba cuando se mencionaba cualquier cosa relacionada con eso. En ocasiones, se detenía frente a la puerta de la sala de clases, indecisa, antes de marcharse nuevamente, sin decir una palabra. Aunque él no la conocía bien, algo en su corazón le decía que Alice no estaba simplemente ignorando a todos. Ella estaba lidiando con algo mucho más profundo, algo que la consumía por dentro.

Una tarde, cuando el sol ya se estaba poniendo y la cena había comenzado, Alice estaba sentada junto a sus amigas, pero no se sentía parte de la conversación. La risa de los demás le sonaba distante. Entonces, de repente, la puerta se abrió y un papel parlante, enviado por Draco Malfoy, aterrizó en medio de la mesa. La voz de la carta resonó por todo el comedor, repitiendo una y otra vez: "Bragas sucias, bragas sucias, bragas sucias".

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