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El Encuentro en el Invernadero ════ ⋆★⋆ ════
El invernadero del Ministerio de Magia estaba en su momento más hermoso. Las plantas exóticas florecían, llenando el aire con fragancias dulces y envolventes. Newt Scamander, con su característica torpeza encantadora, caminaba entre las filas de plantas, admirando cada una de ellas.
Había algo mágico en ese lugar, algo que le recordaba a sus criaturas, a sus amigos. Pero hoy, el invernadero tenía un toque especial. Había alguien más.
Amelie había sido asignada para trabajar en la sección de plantas mágicas recientemente descubiertas, una tarea que realizaba con pasión y dedicación.
Desde que entró al Ministerio, había oído hablar de Newt Scamander y de sus increíbles aventuras. Amelie nunca había pensado que lo conocería en persona, mucho menos en el invernadero, donde se sentía en casa.
—Hola —dijo Newt tímidamente, mientras la encontraba agachada junto a una planta luminiscente.
—Hola —respondió, levantándose y limpiándose las manos en la túnica. —Eres Newt Scamander, ¿verdad? He oído mucho sobre ti.—
—Eso espero que sean cosas buenas —respondió Newt con una sonrisa tímida, rascándose la nuca. —Estaba... estaba buscando algunas plantas para mis criaturas. Algunas necesitan cuidados especiales.—
—Me encantaría ayudarte —dijo Amelie, sintiendo una chispa de emoción al pensar en trabajar con él. —Tengo algunas plantas que podrían interesarte. Ven, te las mostraré.—
Amelie caminó junto a Newt, señalándole diversas plantas y explicándole sus propiedades. La conversación fluía de manera natural, entre risas y anécdotas sobre criaturas mágicas y aventuras pasadas. Newt la escuchaba con atención, fascinado no solo por su conocimiento, sino también por su pasión y la manera en que hablaba de cada planta.
—Sabes, nunca había conocido a alguien que compartiera mi amor por las criaturas y las plantas mágicas —dijo Newt mientras se detenía frente a una planta que brillaba con luz propia. —Es... refrescante.—
—Es raro encontrar a alguien que entienda esta pasión —respondió, sintiendo que sus mejillas se sonrojaban. —Pero aquí estamos.—
Pasaron horas en el invernadero, hablando y compartiendo conocimientos. El sol comenzó a ponerse, llenando el lugar con una luz dorada que hacía que todo pareciera más mágico. Newt, con una sonrisa agradecida, se giró hacia Amelie.
—Gracias por tu ayuda hoy. No habría podido encontrar estas plantas sin ti.—
—Fue un placer, Newt. De verdad. Si necesitas más ayuda, ya sabes dónde encontrarme.—
—Lo haré —dijo Newt, acercándose un poco más. —¿Te gustaría acompañarme alguna vez a una de mis expediciones? Me encantaría tener a alguien como tú a mi lado.—
—Me encantaría —respondió, sintiendo que su corazón latía más rápido.
Newt le sonrió, y en ese momento, ambos supieron que este encuentro en el invernadero era solo el comienzo de algo especial.