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Mentiras ════ ⋆★⋆ ════
El eco de las voces y el sonido de los casilleros cerrándose llenaban los pasillos del instituto Hawkins.
Para Beatrice Byers, el instituto se había convertido en un campo de batalla desde aquel día fatídico en que Steve Harrington, en un acto de pura crueldad, había difundido un rumor devastador sobre ella.
Todo había comenzado en una fiesta, donde Steve, influenciado por sus amigos y el alcohol, había inventado que la había visto llorando y hablando sola, sugiriendo que tenía problemas mentales y que no era de fiar.
Cada vez que Beatrice lo veía, una mezcla de ira y dolor se arremolinaba en su pecho. Había pasado de ser una estudiante tranquila y feliz a sentirte como una paria, todo por culpa de Steve y su necesidad de impresionar a los demás.
La situación alcanzó un punto crítico una tarde después de clases. Estaba en la biblioteca, buscando un libro para un proyecto, cuando se encontraste con Steve en uno de los pasillos. Intentó ignorarlo, pero él le bloqueó el paso.
—Beatrice, necesito hablar contigo —dijo, su tono serio.
—¿Hablar? ¿Después de todo lo que has hecho? —replicó ella con sarcasmo, cruzando los brazos—. No tengo nada que decirte.
—Por favor, es importante —insistió Steve, y había algo en su voz que le hizo detenerse.
A regañadientes, aceptó escucharlo. Se sentaron en una mesa apartada, y por primera vez, Steve pareció vulnerable.
—Sé que lo que hice estuvo mal. Me dejé llevar por la presión de mis amigos, pero eso no justifica lo que hice —empezó, mirándola a los ojos—. Quiero disculparme, de verdad. He visto cómo te han tratado desde entonces, y no puedo seguir ignorándolo.
—¿Y qué te hace pensar que te voy a perdonar? —preguntó, aunque su voz se suavizó un poco ante su sinceridad.
—No espero que lo hagas de inmediato. Solo quiero que sepas que lo siento y que quiero enmendarlo —dijo, sus ojos reflejando una honestidad que nunca antes había visto en él.
El tiempo pasó y, aunque a Beatrice no le resultaba fácil, comenzó a ver pequeños cambios en Steve. Había dejado de lado a sus antiguos amigos y ahora pasaba más tiempo con personas de buen corazón. Empezó a mostrarse más amable y genuino, y aunque le costaba admitirlo, se dio cuenta de que estaba cambiando para mejor.
Un día, mientras caminaba por el bosque cercano al instituto, se encontró a Steve solo, sentado junto al arroyo. Parecía perdido en sus pensamientos.
—¿Steve? —le llamó, y él levantó la vista sorprendido.
—Beatrice, ¿qué haces aquí? —preguntó, una sonrisa nerviosa en su rostro.
—Solo paseando. ¿Puedo sentarme? —preguntó, y él asintió.
Se sentaron en silencio durante unos minutos, el sonido del agua corriendo creando un ambiente tranquilo.
—He estado pensando mucho en lo que dijiste —empezó Steve—. Sobre cómo mis acciones afectaron tu vida. Y quiero hacer algo más que solo disculparme. Quiero ayudarte a recuperar lo que perdiste.—
—¿Cómo piensas hacer eso? —preguntó, escéptica pero curiosa.
—Primero, siendo honesto con todos sobre lo que realmente pasó. Y segundo, estando a tu lado, si me dejas. No puedo cambiar el pasado, pero puedo intentar mejorar el futuro —dijo, su voz llena de determinación.
Beatrice lo miro, viendo en él a alguien que estaba sinceramente arrepentido y dispuesto a cambiar. Y aunque aún quedaban cicatrices, decidió darle una oportunidad.
Con el tiempo, su apoyo constante y su esfuerzo por demostrar su sinceridad empezaron a derribar las barreras entre ellos. Steve se convirtió en alguien en quien podía confiar, y poco a poco, empezó a ver más allá del chico popular y arrogante que había conocido en un pasado.
Una tarde, mientras ambos estaban juntos en el bosque, Steve se volvió hacia Beatrice con una expresión seria.
—Beatrice, nunca pensé que diría esto, pero… me he dado cuenta de que me importas más de lo que imaginé. Sé que es difícil creerlo después de todo lo que pasó, pero… te quiero —confesó, su voz temblando ligeramente.
Sentió su corazón acelerarse, y sin pensarlo dos veces, se acercó a él, tomando su mano.
—Steve, también me importas. Y aunque ha sido un camino difícil, estoy dispuesta a intentarlo contigo —dijo, sonriendo.
Sus ojos se iluminaron y, en ese momento, Beatrice se inclinó hacia él, sus labios encontrando los de ella en un beso suave y lleno de promesas de un nuevo comienzo.
Y así, en medio del bosque de Hawkins, los antiguos enemigos se convirtieron en algo mucho más significativo, demostrando que incluso las heridas más profundas pueden sanar con el tiempo y el esfuerzo genuino.