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Al final, el juego siempre termina, pero la culpa

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Al final, el juego siempre termina, pero la culpa... quizás esa nunca se retire de la mesa

La luz blanca fue lo primero que me quemó los ojos al abrirlos. Los cerré al instante en que la cabeza me martilló por la acción y siseé una maldición entre dientes. Lo único que se escuchaba a mi alrededor eran los pitidos constantes del monitor cardíaco que estaba segura que tenía incrustado en el cerebro, y nada más, dándome así la respuesta necesaria para saber en dónde rayos me encontraba.

Quise suspirar de irritación al siempre, cada vez que me sucedía algo no tan grave, terminar dentro de las cuatro paredes de un cuarto en el área médica en vez de, no sé, mi habitación, por ejemplo. Pero la acción quedó estancada en mi garganta al escuchar la puerta abrirse y cerrarse con un excesivo cuidado.

—Veinte minutos —escuché sisear a Harrison, furioso. Fue sorprendente que, por primera vez en lo que llevaba con él, no levantara la voz ni una octava. Aunque, de nuevo, el tema era Harrison. Él era consciente de que no necesitaba levantar la voz para transmitir su enojo—. Desaparece de mi vista por solo veinte malditos minutos y mira como la encuentro. ¿Estás de adorno cuando de la seguridad de ella y el maldito búnker se trata o qué mierda?

—Desde que el culo de Drake Anderson se plantó en Escocia una vez más, he verificado cada uno de sus putos movimientos, Harrison —replicó Rush, tan molesto como él, manteniendo su voz a raya—. Se suponía que iba a tener una conversación conmigo fuera del búnker anoche, pero se pasó por las bolas esa petición y apareció aquí sin ser invitado. Las alarmas no sonaron, los soldatos de guardia no lo vieron entrar y las cámaras ni siquiera captaron su presencia. ¿Cómo diablos quieres que esté pendiente de alguien que parece un fantasma cuando le da la gana y encima tiene ayuda de alguien de aquí adentro?

Ahora, esa era información nueva. ¿Por qué Rush tenía que hablar con el jodido Anderson? ¿De qué? ¿De eso era lo que quería hablar conmigo anoche?

«Maldita sea».

Debí luchar más contra el sueño que se apoderó de todo mi cuerpo al segundo de que toqué la cama. Es decir, ¿qué otra cosa estaba mal conmigo? Podía aguantar muchos más días sin dormir de los que ya traía, entonces, ¿por qué ahora me desplomaba en cualquier rincón del búnker como si fuera un maldito peso muerto?

—Tenías que...

—¿Hacer qué? ¿Magia? ¿Verificar todo por una puta bola de cristal? Métete en la cabeza que estamos tratando con algo que se nos escapa de las manos, con alguien que quiere vernos jodidos y está utilizando a los jugadores que sobran para hacerlo, Harrison. Drake fue una de sus cartas. Lo utilizó y nos dejó ver que tanto poder tiene sobre nosotros al hacerlo aparecer sin levantar ni una puta alarma. ¿Quién crees que sigue? ¿Blaz? ¿Sus hijas? Quien sea que está haciendo todo esto no es un idiota. ¿Moviendo a la gente como le da la gana? —Rush chasqueó la lengua—. No estamos tratando con una persona estúpida.

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