Ella no es de embriagarse, pero ella bebe.
Ella no es de apostar, pero ella juega.
Ella no es de ir a fiestas, pero ella baila.
Ella no es de enamorarse, pero ella enamora.
Ella es muy buena con las armas, por ende ella asesina.
Ella no cree en el d...
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Algunas partidas no terminan. Solo escalan
En cuanto Zacharias...
«No. Basta. Se queda en Zach. Cristo».
...desapareció de mi vista, me quedé tirada sobre la grama como si el suelo fuera lo único que podía sostener el desastre que tenía por cabeza. Cerré los ojos, intentando calmar el dolor que me martilleaba las sienes y las muy legítimas ganas de renunciar a este trabajo antes de cumplir veinticuatro horas infiltrada.
Estaba a segundos de ensayar el discurso perfecto para Harrison —uno con manipulación, una pizca de odio y tal vez un balazo incluido para reforzar el efecto— cuando un carraspeo interrumpió mi momento de autocompasión silenciosa.
Levanté la cabeza, molesta, solo para encontrarme con una adolescente parada frente a mí, observándome como si fuera una especie de criatura rara.
«Fabuloso». Así que hoy era el día del Encuentro Sorpresa con los Anderson. Tan solo me faltaba la abuela y el perro de la familia y ¡bingo!, tendríamos una reunión familiar en curso.
—¿Eres nueva? —preguntó Jessamine Anderson, la menor del clan. Asentí con un mínimo movimiento de cabeza, sin ánimos de socializar—. Me llamo Jessamine, pero puedes decirme Jess —agregó con una sonrisa de comercial de pasta dental—. ¿Y tú?
—Larissa Sage —dije, sin disimular el fastidio. Para ser honesta, lo único que quería era que se largara y me dejara en paz con mi miseria mental.
Sonrió aún más y casi mis ojos se entrecerraban solos. La chica no solo no captó la indirecta, sino que decidió ignorarla, dándome ese brillo de la genética obstinada que sus dos primeros hermanos daban señales de tener.
Jessamine era idéntica a Drake, aunque con el cabello castaño y una versión más refinada de sus rasgos. Misma sonrisa de "todo está bien en mi mundo", mismos ojos azul brillante, y el mismo hoyuelo en la mejilla izquierda que parecía gritar "confía en mí"... cosa que, si ella estuviera hablando con otra persona, lo haría a ciegas.
—¿Te molesta que te diga Issa? —preguntó con amabilidad.
Me forcé a sonreír.
—¿Por qué no? —suspiré con resignación.
«¿Por qué no tirarme también al lago, ya que estamos?».
Y antes de que pudiera buscar una excusa elegante para irme, se sentó a mi lado como si fuéramos viejas amigas de la secundaria, cosa que observé con recelo.
Según el archivo, Jess era modelo, como sus hermanas. Y sí, tenía todo el aspecto. Cuerpo perfecto, piel de revista, y una vibra de chica buena que daba urticaria si estabas demasiado cerca.
—Entonces... ¿eres de intercambio, cierto? —siguió ella.
—Ajá —asentí. Parece que el rumor de la "chica rusa nueva" se había esparcido más rápido que una foto filtrada.