9

692 151 105
                                        

No todos los que apuestan alto saben pagar cuando pierden

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

No todos los que apuestan alto saben pagar cuando pierden

El silencio que se había instalado entre Drake y yo era espeso. Incómodo. Me taladraba la cabeza como un zumbido invisible. No era la forma en que quería terminar mi madrugada, la verdad. No con ese tipo de mirada en su rostro, como si ya me estuviera velando el cuerpo.

Solté el aire con lentitud, dejando que mi espalda se hundiera otra vez en el respaldo del sofá, mientras masajeaba con dos dedos la sien izquierda.

La conversación con Harrison no había salido con exactitud cómo la había planeado. Para nada. Pero para mi confort interno, una voz seguía sonando en algún rincón oscuro de mi cabeza con eco, asegurándome algo: "Harrison hará lo que sea para impedir que salgas herida."

Por ende, tenía que creerlo. Con creces. Porque sino iba a terminar volviéndome loca.

—¿Y ahora qué? —preguntó Drake, con esa típica vocecita que aparece cuando nadie sabe si va a morir o solo vomitar verdades.

—Ahora, pequeño rubio, comenzarás a despotricar todo acerca del trato con Jhonaster —dije, dibujando una sonrisa, aunque no me salía del todo natural—. Y también sobre todo lo que no me has dicho del club.

Puso los ojos en blanco.

—Cariño, si esta es una misión peligrosa para ti, tal y como dijo tu jefe... —dijo con esa inseguridad idiota que solo me daba más ganas de golpear algo.

—Lindo que te preocupes, pero no lo hagas —lo corté, sin paciencia.

—Sin duda estás mal de la cabeza, preciosa —murmuró él, casi con cariño.

Me miró un rato. Largo. Quizás debatiéndose entre si valía la pena decírmelo todo o si debía mentirme, pero luego soltó un suspiro derrotado y habló.

—Bien. El trato con Jhonaster es sobre una droga nueva que está entrando al mercado —empezó—. Foster, un traficante inglés de esos que nadie conoce hasta que termina muerto, se la vendió a Zach hace como un mes en el club. Días después, el pequeño Jonathan apareció por el club con una sonrisa sagaz y con muchas ganas de invertir en la droga —sacudió la cabeza, luciendo arrepentido—. Fue un buen trato. Setecientos mil dólares por ciento setenta kilos.

—Un trato justo —dije, asintiendo. Fría. Matemática. Porque si me ponía emocional, me iba a dar algo—. No obstante, hay un fallo en tu historia.

El rubio frunció el ceño, confundido.

—¿Fallo?

—Me estás diciendo que Foster es un hombre desconocido cuando no lo es —me crucé de piernas—. Es la cabeza de la mafia inglesa.

—¿Mafia... Inglesa? —repitió Drake, su semblante oscureciendo poco a poco con los segundos que pasaban—. ¿Estás segura de lo que estás diciendo? Hay miles de hombres con ese apellido, muñeca. Es imposible que se trate del mismo hombre.

Let's PlayDonde viven las historias. Descúbrelo ahora