25

516 71 330
                                        

Pero fue ella que empezó jugando por el placer de jugar

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Pero fue ella que empezó jugando por el placer de jugar

Me negaba a perder por una semejante estupidez. Mi equipo iba a pasar esa maldita prueba sí o sí. No abriría debates en eso.

—¡¿Isaac?! —gruñí por el micrófono.

Salimos vivos por los pelos —respondió segundos entre jadeos—. ¡Tienen que salir de ahí ahora! El equipo blanco no está usando salvas, repito, no están usando salvas.

—Maldita sea —musité, ya con la adrenalina a reventar—. ¿Nathaniel?

Puede usar las bombas a su favor, mi caporegime, pero primero tiene que sacar la bandera de ahí.

Jodida y encendida, tomé lo primero que encontré a la vista.

«Va a tener que funcionar», pensé mientras evaluaba el peso de la piedra con rapidez.

—Eres mejor lanzadora que yo —le solté a Anna, posicionándola a la distancia adecuada—. Lanza esta piedra a la bandera. Si tiene el peso suficiente, caerá si tenemos suerte.

¡Tienen dos minutos, salgan de ahí! —exclamó Collin desde el canal.

—¡Anna, hazlo ya! —le grité.

Ella no dudó. Tomó la piedra, apuntó y lanzó.

Recé. Por una maldita vez, recé por qué mi idea funcionara.

El alivio me golpeó en el pecho al ver cómo la piedra lograba descolgar la bandera...

... que cayó justo sobre el suelo minado.

Nos quedamos inmóviles, el aire atrapado en los pulmones, esperando el estallido.

Uno.

Dos.

Tres...

Nada.

No explotó nada. Había sido otra jodida distracción más.

Soltamos el oxígeno contenido de golpe y empezamos a movernos.

Anna alcanzó la bandera y se la ató al cinturón con manos rápidas.

¡Salgan, maldita sea! —rugió la voz preocupada de Collin.

Apenas dimos dos pasos hacia la salida cuando todo empezó a descontrolarse.

Las balas llovieron. Literal.

No tuvimos más opción que cubrirnos tras una pared medio hecha mierda, que crujía como si se fuera a derrumbar en cualquier momento.

Maldije entre dientes. Collin tenía razón: el equipo blanco estaba armado hasta los dientes, y nosotros estábamos atrapadas como ratas.

Pero ni muerta pensaba rendirme.

Let's PlayDonde viven las historias. Descúbrelo ahora