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Tal parecía que ella era la única ficha que él no estaba dispuesto a sacrificar

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Tal parecía que ella era la única ficha que él no estaba dispuesto a sacrificar

Rush

Cuando Arabella despertó de su colapso, sentí el alivio apoderarse de cada mínima parte de mi cuerpo.

Cuando se volvió terca respecto a tomarse las cosas con calma, me provocó ahorcarla. Pero no lo hice. La dejé hacer lo que quisiera. Que intentara demostrar que estaba equivocado, que barriera el piso conmigo otra vez. ¿Por qué? Porque ella, sin saberlo, me había dado justo lo que necesitaba para mantenerme cuerdo por el infierno sabía cuánto tiempo: no recordaba la razón de su catatonia.

En el momento en que escribió: "no logro ir más allá, pero creo que eso fue todo", mi mente reconoció esa sensación enterrada que apenas si recordaba: la posibilidad de una segunda oportunidad. Porque aunque Justine me había advertido sobre las lagunas mentales, breves pero posibles, durante los informes diarios sobre la mejoría de Arabella —mientras pasé cinco malditos días fuera de mi propia casa porque a la jodida mujer le apeteció jugar con los límites de mi benevolencia para probar su punto de terquedad—, no quise creerlo del todo.

Sin embargo, lo agradecí. Agradecí que pasara.

¿Era una basura por ocultarle que su padre la estaba cazando? Tal vez. Pero fue una decisión que tomamos entre Harrison, Kendall y yo. Arabella no podía indisponerse otra vez con el Boss pisándonos los talones. No sabíamos cómo reaccionaría si le dábamos la información, así que acordamos que, si ella preguntaba, Justine le diría que solo había colapsado por el estrés de los últimos días.

No era una mentira. Su catatonia funcional había sido por eso. La cuestión ahí era... no entrar en detalles. Y el hecho de que no los pidiera también me sorprendió. Pero fue Kendall quien terminó asegurándole que todo estaba bien, y Arabella confiaba en ella. Por eso lo dejó estar.

Entre la confianza que le tenía a su amiga y el hecho de que Kendall misma nos había dicho con anterioridad que Arabella había tenido episodios parecidos antes, para ella fue normal no darle tantas vueltas al asunto y lanzarse de cabeza con la primera terquedad que le cruzó por la mente.

Por eso también lo dejé estar. Y luego de confirmar que realmente no recordaba nada, hice lo mejor que sabía hacer desde que la conocí: dejar que hiciera lo que le diera la bendita gana.

No obstante, permitir eso me costó caro. Mandó al infierno todas las oportunidades que tenía de encerrarla conmigo en algún lugar apartado del mundo hasta que resolviera toda esta mierda. Entre sus ganas de acompañarme a la gala, que Alexey jodiera en el último momento de la noche y la certeza de que, tarde o temprano, tenía que soltarle mi verdad, las cosas se me fueron de las manos.

Mila y Riden se opusieron desde el principio a lo que tenía en mente, y con razón. Yo mismo me arrepentí apenas tocamos suelo en Nueva York. Pero ella tenía que saberlo. Se lo debía. Después de todo lo que le estaba haciendo pasar, lo mínimo que podía darle era la verdad.

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