Ella no es de embriagarse, pero ella bebe.
Ella no es de apostar, pero ella juega.
Ella no es de ir a fiestas, pero ella baila.
Ella no es de enamorarse, pero ella enamora.
Ella es muy buena con las armas, por ende ella asesina.
Ella no cree en el d...
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La estupidez es la peor moneda en una mesa peligrosa
Rush
Observé cómo Rise le arrancaba la cinta adhesiva de la boca a Zacharias de un tirón brusco. El imbécil le lanzó una mirada llena de odio a mi hermano, cosa que me hizo inspirar profundo y recordarme que no podía matarlo. No por ahora, de todas formas.
Ekaterina dio un paso al frente para ayudar a Rise a quitarle también la cinta de las muñecas y tobillos. Apenas terminó, me miró esperando explicaciones... Pero lo que nadie se esperaba era que Zacharias, con el juicio perdido y la estupidez a flor de piel, se le fuera encima.
Me puse de pie al instante, directo hacia ella, pero no hizo falta. Ekaterina se adelantó. En un solo movimiento lo tumbó de nuevo al suelo, dejándolo inconsciente en el proceso.
Rise soltó un silbido por debajo.
—Hijo de puta —masculló Ekaterina, mirando el cuerpo inerte de Anderson—. ¿Alguien, por el amor a toda su línea sanguínea, puede explicarme todo? —se giró para ver a mis visitas.
Todos voltearon a verme a mí.
—Seguimos tus instrucciones —respondí, sin moverme del sitio—. ¿Querías la invitación enviada a Nóvikov? Hecho —asentí hacia Riden—. ¿Querías a Zacharias drogado y sepultado en mi casa? Listo —señalé a Rise—. ¿Querías a todos reunidos para planear lo que sigue? Pues aquí estamos —le dediqué mi mejor mirada despreocupada—. ¿Qué más necesitas, princesa?
Ekaterina se pasó las manos por el rostro, frustrada.
—No era así como lo tenía planeado.
—Pero así es como lo tienes, cariño —rió Rise, dejándose caer en el sofá, divertido con todo el asunto—. Y déjame decirte que ha sido lo mejor que me ha pasado desde que te conocí —señaló con la cabeza al bastardo desmayado en el piso—. Tenía días queriendo sacarle la mierda al maldito.
—Así que sí sabías dónde estaba Zach después de todo —me soltó Drake, con cara de pocos amigos.
Rise chasqueó la lengua, importándole una mierda.
—Iba a cometer suicidio —dijo mi hermano antes de que yo abriera la boca, encogiéndose de hombros—. Si querías que lo dejáramos hacer el numerito completo, me lo hubieses dicho antes.
Drake le sacó el dedo del medio, a lo que mi hermano respondió con un guiño de complicidad y esa sonrisa suya que siempre estaba al borde de la provocación.
Percibí la mirada entre Kendall y mi novia. Fue rápida, tensa y suficiente para que mis alertas se encendieran. Esa clase de silencio no era vacío. Era denso, planeado. Y si ella se tensaba, yo también.