Ella no es de embriagarse, pero ella bebe.
Ella no es de apostar, pero ella juega.
Ella no es de ir a fiestas, pero ella baila.
Ella no es de enamorarse, pero ella enamora.
Ella es muy buena con las armas, por ende ella asesina.
Ella no cree en el d...
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Saca el mayor partido de él, es todo lo que tienes
Rush
Pasar la mitad del día encerrado en una oficina, con los dedos golpeando el teclado como si pudiera romperlo de pura frustración, se había convertido en mi jodido pasatiempo diario. Un pasatiempo que detestaba con cada fibra de mi maldito cuerpo.
Y como si no fuera suficiente, el bendito móvil no había dejado de vibrar sobre la mesa en los últimos quince minutos. Sin pausa. Insistente. Como si quisiera burlarse de la poca cordura que ya estaba colgando de un puto hilo, después de la semana de mierda que había tenido.
Inhalé con fuerza, enfocándome en el correo que redactaba para el segundo al mando de Kaela. Pero a la vida le gustaba llevarme a los extremos de la escasa cordura que poseía cuando el celular vibró por novena vez consecutiva.
—Joder, joder —mascullé de mal humor, buscando el aparato—. ¿Qué? —ladré al contestar.
—¿Así es cómo le contestas a alguien que te extrañó de más, Rush? —respondió una voz femenina con un tono acusador, añadiendo más estrés al maldito día.
Maldije entre dientes.
Mi día estaba hasta el tope de mierdas que tenía pendientes por realizar, y una de las cosas que no estaba en mi lista era el estar perdiendo tiempo en una jodida conversación con nada más y nada menos que con esa mujer.
Ya bastante tenía encima como para añadirle un puto dolor de cabeza más, pero como a la vida no le bastaba con joderme, también se creía graciosa al estarme enviando a la emperatriz del drama.
«Fantástico».
No tenía tiempo para eso. No ganas. Ni paciencia. Tenía cosas más importantes que hacer, como por ejemplo, ordenar por correo a la mafia israelita diferentes cargamentos de armas de alto calibre, porque los últimos que habían enviado, habían sido un completo desastre, sacando a Riden y a mí de quicio al probarlas.
No bastando con eso, tenía que mantener una reunión importante en menos de una hora y media con gente que estaba empezando a hartarme de ver. Otro encuentro diplomático para hablar de cosas que no me apetecían porque la situación había escalado a mayores, necesitando mayor atención en ciertos puntos, desde que se puso un pie en Escocia.
Y de eso hacía cuatro meses.
Cuatro. Jodidos. Meses.
Desde que se confirmó que la mafia israelita había tomado un bando, todo se empezó a mover con velocidad absurda, y nosotros, por ende, también. Con un pie fuera de Sicilia y el otro enterrado en Miami, las estrategias dejaron de ser teóricas. Empezaron las reuniones con líderes aliados, los planes sobre la mesa, y por supuesto, las recomendaciones de cambiar de ubicación.