Ella no es de embriagarse, pero ella bebe.
Ella no es de apostar, pero ella juega.
Ella no es de ir a fiestas, pero ella baila.
Ella no es de enamorarse, pero ella enamora.
Ella es muy buena con las armas, por ende ella asesina.
Ella no cree en el d...
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El estado de un jugador dice cuánto se resistió a perder
Arabella
Finanzas corporativas. Tuve cuarenta y tres minutos de finanzas corporativas. Cuarenta y tres largos y eternos minutos que se me hicieron tanto insoportables como curiosos. Uno porque qué bendita flojera era saber sobre la estructura de una capital óptima y dos porque... ¿en dónde estaba Zacharias?
Esa pregunta me rondó la cabeza lo suficiente como para que mi pierna, en esos cuarenta y tres minutos de clase, no cesara de subir y bajar como si estuviera tocando el pedal de alguna batería.
No quería estar ansiosa, quería que la inexistente presencia de Zacharias me importara una mierda, la verdad. Pero tal y como estaban las cosas, Zacharias era una bomba suicida de tiempo a nada de explotar, y el Boss... Bueno, las cosas de por sí estaban jodidas para que al imbécil le diera por cometer cualquier otra estupidez.
Que no estuviera en clase me indicaba de todo menos que él estuviera tranquilo, jugando a Dios sabrá qué con Drake. Su inexistente presencia, para mi desgracia, me daba migraña.
—Llevas un buen rato moviendo esa pierna. ¿Estás segura de que estás bien? —cuestionó Sarah, una chica de ojos verdes, melena castaña y nariz respingada, con la que Drake me emparejaba cada que me llevaba por el almuerzo.
Para mi sorpresa, Sarah me cayó bien al instante. Es decir, ¿cómo no? Al segundo de que la frase "Zacharias es un imbécil" salió por su boca me fue imposible que no me agradara.
—Estoy bien —le repetí por cuarta vez.
Sarah no soltó algo más por los veinte minutos restantes de clase y lo agradecí. Estresada y ansiosa no era la mejor persona para convivir.
Canté aleluya en mi fuero interno para cuando el señor Akerman decidió ponerle fin a mi martirio, culminando la clase. Ignoré la larga investigación que nos había dejado como tarea y, luego de despedirme de Sarah, salí del horrible y tedioso auditorio... Tan solo para encontrarme al espécimen bendecido por el inframundo en el mismo lugar dónde lo había dejado plantado, cuando me encontraba algo molesta.
Rush me dedicó un guiño en cuanto me vio. Era injusto que el hijo de perra se viera como un hombre sexy de comercial para perfumes caros tan solo por descruzarse de brazos, separarse del capó del auto y caminar hacia mí con ese aire de suficiencia y pecado que se cargaba, ¿pero qué podía hacerle? Para mi secreta consciencia, también lo disfrutaba.
El espécimen me soltó un lindo "hola". No me dio ni siquiera el tiempo necesario para responderle porque ya me tenía agarrada por la muñeca, encaminándonos al coche. Sin embargo, no pasé por desapercibidas cada mirada lasciva de cada mujer que le daban al espécimen, y lo único que pude hacer fue sonreír, disimulando un poco.