Ella no es de embriagarse, pero ella bebe.
Ella no es de apostar, pero ella juega.
Ella no es de ir a fiestas, pero ella baila.
Ella no es de enamorarse, pero ella enamora.
Ella es muy buena con las armas, por ende ella asesina.
Ella no cree en el d...
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Me dieron otra ficha, otra oportunidad, pero mis manos siguen temblando por la última jugada
Rise
Calculé una cuenta regresiva de treinta segundos. No llegué ni a quince cuando Rush cruzó la plaza con un semblante imperturbable, de la mano de Arabella, quien casi compartía su expresión.
Respiré mejor.
No porque me sintiera aliviado, sino porque aún podía hacerlo.
No iba a cargar con todo otra vez. Me parecía bien. No tenía ánimos para escuchar lo que ya sabía, para que me recordaran en qué punto estábamos o cuánto quedaba por hacer. Iba a irme por la tangente, a recortar cualquier conversación innecesaria. Corto, rápido y preciso. No era el método favorito de muchos, pero me sabía a mierda.
—Al menos ya no te toca lidiar con el consejo por tu cuenta —comentó Riden a mi lado sin despegar la vista de su computador, terminando de afinar unos detalles para la videollamada.
No le respondí. No veía el caso. Lidiar con ellos no era asunto mío, sino de él. Yo estaba aquí porque no tenía otra opción. Porque, por más que intentaba alejarme, siempre había alguien jalándome de vuelta, como si quedarme al margen fuera un maldito pecado capital.
En cambio, seguí con la mirada a la pareja que se reunía con Grant Harrison en el otro extremo de la pantalla gigante, sin prestarle atención a nada más. O eso creí hasta que Arabella, ajena a mi mirada, barrió la multitud con un vistazo rápido. Por un segundo, la máscara de imperturbabilidad que traía se quebró, dejando entrever algo parecido a... inquietud.
Por inercia, imité su acción. No porque quería, sino porque mis instintos aún no se habían apagado del todo. La reunión estaba por comenzar, así que supuse que su inquietud tenía que ver con asegurarse de que todo estuviera como debía: los soldatos en sus respectivas filas, los equipos élites de cada eslabón que conformaba el consejo visibles en las primeras hileras, y un par de personas clave en sus lugares pertinentes, como Liam y su esposa, que había llegado al búnker no hace mucho.
La plaza estaba llena. Todo en orden. Todo en su lugar. Incluso Riden ya se había relajado en su posición tras dejar en pantalla el tiempo restante para el inicio de la asamblea.
Pero Arabella no era fácil de calmar. No cuando quería que todo saliera bien, que todo le resultara a Rush mucho más sencillo de sobrellevar.
Por eso, después de sonreírle a Rush y apretar los labios en una fina línea cuando Grant Harrison demandó su atención para comunicarle algo, los dejó atrás para reunirse con Mila, Justine y Roelle al final de la plaza. Estaba bastante seguro que era para chequear todos los preparativos otra vez, porque, al parecer, las casi seis horas que le dedicó en la mañana no le bastó.
Pasaron muchas cosas desde que desperdicié la oportunidad de matar al maldito de Drake Anderson. Admito que no fue mi mejor movimiento dejarlo caminar por ahí tanto tiempo, pero en mi defensa, mantuve un ojo en cada paso que dio después de huir como la rata que era de Escocia.