Ella no es de embriagarse, pero ella bebe.
Ella no es de apostar, pero ella juega.
Ella no es de ir a fiestas, pero ella baila.
Ella no es de enamorarse, pero ella enamora.
Ella es muy buena con las armas, por ende ella asesina.
Ella no cree en el d...
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¿Un consejo? Dejen de aceptar apuestas sin haber leído la letra pequeña primero
La limusina se estacionó frente del lugar, justo frente a una alfombra azul oscuro. Desde la ventana, alcancé a ver a los paparazis amontonados como buitres esperando el primer movimiento. Los Massey no perdieron el tiempo al bajarse de la limo, desatando una tormenta de flashes que pareció iluminar la noche entera.
«Entonces, ¿ésto es lo que adoraba soltarme internet? Brillos, flashes, legado... Poder», pensé sorprendida mientras medio pude entrever la mano de Rush extendida hacia mí. Aunque los nervios me carcomían por dentro, la tomé con seguridad, obligando a mi cuerpo salir con la mayor delicadeza posible. Mentalmente le di gracias a lo sagrado por no haberme puesto un vestido de princesa de cuento. No sabría cómo salir de la limo con un monstruo esponjoso rodeándome.
Los paparazis se volvieron eufóricos cuando Rush entrelazó su mano con la mía. En menos de dos segundos, una avalancha de luces blancas me quemó las retinas y me martilló la cabeza.
—¡Rush! ¡Rush por aquí! —gritaban algunos.
—¿Quién es ella, Rush? ¿Nueva conquista?
—¡Mila, por aquí!
—¡Riden, Rise! ¡Sonrían, por favor!
No eran los únicos famosos, pero se notaba que los Massey eran el plato fuerte. Las voces no paraban. La prensa pedía a esa familia a gritos. Mis manos comenzaron a sudar, y traté de ocultarlo mientras caminábamos por esa alfombra. No sé si lo notó, pero de pronto sentí a Rush en mi oído, ajeno a la cantidad de testigos.
—Respira y solo sonríe —susurró—. Te van a preguntar quién te vistió, nada más. Tú tendrás que contestar y si no quieres hacerlo, también está bien, mi amor. Demuéstrame esa seguridad con la que barriste el suelo conmigo y estarás perfecta, princesa.
Tragué en seco, pero asentí con disimulo. Respiré profundo varias veces, intentando apagar el caos interno. Y entonces lo hice. Sin pensarlo mucho, solté cualquier duda, transformándome en... Kendall.
Mi mejor amiga adoraba todo eso. Las luces, las alfombras, las miradas. Ella era el centro de cualquier sala, el tipo de mujer que se alimentaba de la atención y la convertía en algo más. Era feliz acompañando a Harrison a sus fiestas cuando él se lo pedía. Entonces, tomé prestada su esencia. Dibujé una sonrisa lo más auténtica posible en mi rostro, y como si fuera mágico, las cámaras se giraron hacia mí.
Gritos. Flashes. Pedidos para que posara. Vi las miradas de los Massey desde un costado: todos sonriéndome, como si estuvieran orgullosos. Mila hizo que Rush soltara mi mano, dejándome caminar sola.
Sin compañía, avancé desde donde se me indicaba hasta el tope de las escaleras, y me felicité por no romperme el cuello en el intento. Atrás, los Massey aún posaban y sonreían para las cámaras. Concedieron una que otra entrevista, incluso. Pero los flashes no se desviaron del todo. Aún me pedían fotos. Aún querían más.