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Hoy era todo o nada

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Hoy era todo o nada... y yo nunca apostaba a perder

Era hoy.

Después de tanta mierda, era hoy.

Me costó dormir, no iba a negarlo. Rush deshizo e hizo conmigo lo que le dio la gana durante media noche, pero cuando por fin llegó el momento de cerrar los ojos, no pude.

La incertidumbre me carcomía —qué pasaría cuando saliéramos del búnker en cuestión de horas— y el peso de las mentiras, la culpa y el secreto me aplastaba el pecho.

Mi cabeza era un caos nauseabundo y siguió siéndolo hasta que el reloj marcó las siete de la mañana.

No había pegado el ojo en toda la noche. Nada. Ni una mísera siesta.

Por eso, cuando Rush se levantó, yo ya estaba bañada, vestida y sentada frente a la laptop —desde las cinco de la mañana, si íbamos a ser precisos— revisando los planos otra vez.

Intentaba que las "sugerencias" de último minuto de Kaela se me incrustaran en el cerebro cuando sentí unas manos cálidas posarse sobre mis hombros, apretándome con cariño.

—¿Debo preocuparme? —masculló con esa voz ronca recién despertada, cerca de mi oído, haciéndome cosquillas.

Deslicé una sonrisa pequeña y negué con la cabeza sin apartar la vista de mi incipiente dolor de cabeza. Sonreí más cuando apoyó la cabeza junto a la mía, intentando descifrar lo que tenía abierto en la pantalla.

—Maldita mujer y su jodida manía de tener la última palabra en todo —murmuró, sonando algo irritado. Sus labios rozaron mi mejilla cuando solté una risita—. Riden casi que coloca en mayúsculas que no es necesario que cambies nada, princesa.

—Y no pienso hacerlo —me recosté contra el respaldo de la silla, estirando las piernas—. No a estas alturas, por lo menos. Pero nunca está de más contar con un segundo plan de respaldo.

Resopló y se apartó de la laptop.

—Llámalo "plan de respaldo" cuando dé sugerencias que sirvan para algo —su dedo índice señaló la formación que llevaba más de una hora intentando entender—. Cada una de estas mierdas está tan mal planteada que me sorprende que el pequeño bastardo haya accedido siquiera a implementarlas.

Ladeé la cabeza, frunciendo el ceño.

«Ah. Así que es por eso que no entiendo ni mierdas», pensé, saltando de una formación a otra.

Observé el desastre unos segundos más antes de que Rush cerrara la laptop y me arrastrara de vuelta a la cama.

Reí cuando aterricé entre las almohadas y suspiré, cómoda, cuando me atrajo a su pecho.

—Rush —lo advertí en tono juguetón cuando su mano empezó a deslizarse bajo mi camisa.

—Podemos darnos el lujo de quedarnos aquí una hora más —susurró, tentador, jugando con el borde de mi legging cuando me giró de lado—. Prometo que...

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⏰ Última actualización: Feb 14 ⏰

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